diez y diez

FORMENTERA

dibujar un reloj

insumiso

que marque

nuestras

diez y diez

por ejemplo

te espero

en la puerta

de casa

hasta que roces

con tu nariz

mi nariz

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Negativo

negativo

Ventana, puerta, habitación…

quiero decir, el espacio cóncavo del cuenco.

La materia negra entre las estrellas.

Los huecos

que dejan las hojas en el árbol como

una foto en negativo.

Vacío de infinitas posibilidades

del no-existir.

Imagina: una flor así de grande.

Imagina: un universo de síes.

Lugares por donde no pasan caminos

son

caminos a cualquier lugar.

Las no-palabras que no te supe decir.

El amor que por amor dejé pasar

durará siempre.

50 años

SAN PEDRO

Estaba en una bolsa azul

junto a un contenedor de basura

y asomaba un brazo –no te asustes-

como pidiendo ayuda.

Era un corazón de peluche rojo

con unos ojos grandes

y una sonrisa grande

y dos palabras grandes

escritas en el pecho

que decían “te quiero”.

Viéndolo allí tirado

como otro juguete roto

me dio por pensar si

al amor

siempre le pasará eso.

Pero luego,

unas calles más tarde,

recordé a mis padres

-después de cincuenta años casados-

paseando todavía

cogidos de la mano.

 

 

Dedicado a mis padres que hoy habrían hecho 52 años casados.

Autocomplétame 2.0

Lo.

Lo que escondían sus ojos.

Lo imposible.

Lo mejor de mí.

Lo mejor de nuestras vidas.

Lo que me gusta de ti

y me gustaría decirte.

Lo que la verdad importa

y el viento se llevó.

Lo que el viento se llevó   – es tu película favorita-

El viento.

El viento se levanta.

El viento en los sauces, en otoño, en Cádiz.

El viento en las nubes.

Lo que mueve las nubes.

El viento.

Lo que mueve el mundo.

Lo que mueve el voto americano –es incógnita como tú-

Lo que mueve mi vida.

Mi vida.

Mi vida extra.

Mi vida eres tú.

Tú.

Tú tan bonita.

Tú, tan lejos.

Tan solo.

Solo.

Solo un segundo.

Solo un segundo tú y yo

tú y yo –otra vez-.

Solo amor.

Amor.

Amor y dolor.

Amor eterno.

Eterno retorno.

Eterno resplandor de una mente sin recuerdos  -es mi película favorita-

y que nunca te olvida.

Eterno retorno

a ti.

A ti tan bonita.

A ti tan lejos.

A ti mujer.

A ti mujer poema.

Poema

que se autocompleta

contigo.

Autores: Autocompletar Google y un servidor.

Juntas

Ella le peinaba las cejas

mientras le hablaba.

Ella, llegadas a un punto

de la conversación, la abrazó.

Hablaban de

las compras de Reyes que otra vez

les había tocado -a ellas-

hacer.

Llevaban las dos anillos

de la misma marca o

de la misma forma, no sé.

(un delfín).

Estaban juntas, muy juntas

-como esos anillos al dedo-

sentadas en el metro.

Y reían ¡Cómo reían!

Ella calzaba unos zapatos

de piel con tacón cuadrado.

Ella

unas zapatillas deportivas.

Trascendental

tragaluz-para-la-luz-inversa

Es Amor

más allá

mucho más allá

que se oculta tan profundamente universo

en la sencillez radical de (la metáfora búscala tú)

 

                                               Método de trabajo

                                       Escucha varias veces

                                       la imagen

                                       de un mundo hacia dentro.

                                       Imagina – nunca dejes de imaginar-

                                       dos espejos enfrentados

                                       y tú y yo y tú y yo en ellos

                                       ProyectadosConfundidos

                                      en un infinito juntos.

 

Mientras, en algún lugar

las partes constitutivas y prácticas

se quedan aquí.

Quiero decir, la demostración

científica

de que existe. Se queda aquí.

(Los necios sólo verán

huellas en el espejo)

Así, la entrega absoluta

se extiende

desde el batir del corazón

-de quien se enamora la primera vez-

hasta la visión fugaz

de los mártires. Hilos

son hilos

que se cruzan y entrecruzan

y repiten hilos:

Acto I:

                Sacrificio y muerte.

Acto II:

               La luz se abate

               y cae

               cae

               sobre los amantes.

Acto III:

              Desintegración

              en un mundo que trasciende.

 

Collage: Luis María Ortega Chamarro
Poema: Manuel Alonso

Ahora

ahora

Ya no sé muchas cosas

pero todavía

sé que tu color preferido es el morado

y tu libro Los Miserables.

que siempre que ponen Willow en la tele

la ves y ya

has perdido la cuenta de cuántas

                                          veces

la has visto;

que andas como un pato, un patito de esos

“de feria” que vendían cuando éramos niños

y te distinguiría por tu forma de andar entre

cien personas o más a un kilómetro;

que tu tío preferido, también era feriante, y te llevaba

en un caja fruta cuando eras niña y tú te imaginabas ser

una lechuga;

que te gustan los animales. Todos. Y muchos

caracoles te deben la vida;

que por culpa de unos petardos

se os perdió una perra y todavía andas

buscándola en sueños.

que llevas, casi siempre, las gafas sucias

y muchos calcetines con tomates y calzas

el número 36 y medio y juntas las manos cuando estás triste y

la felicidad te sabe a judías verdes y duermes

del lado derecho de la cama sobre tu lado derecho hecha

un bicho bola y yo

te abrazo por la espalda como

si fuéramos dos cucharas hasta las doce

o más… Sin prisa.

Pero hoy

ya no recuerdo dónde

he aparcado, ni qué he comido y mañana

 

sólo habitaré en la niebla

 

-como cuando te dejaba mensajes de amor

en el espejo del baño

para cuando salieras de la ducha-

 

Sssshhhhh

                     calla.

                               No digas nada. Ya sé…

Y ahora sonríe.

Sonríe ahora. Vamos a ser felices

ahora,

en este instante, que nos hacen una foto…

CLIC.

 

Fotografía: Cesar Karras
Poema: Manuel Alonso

Cuando despertamos y decidimos que es pronto y hacemos el amor y nos volvemos a quedar dormidos.

                              insondable flor

                              abeja alocada

                              acuarela

                              de sed

                              que se lanza

                              y sube

                              y respira

                              mi cuerpo

                              que aletea

                              como una sombra

                              después

                              escucha entonces escucha

                              tus manos

                              tu pulso entonces

                              mientras te veo dormir

                              somos un sueño

                              un abrazo

                              una nube

                              que se aleja

                              delicada

 

Cristal

cristal

En el umbral

con los brazos en cruz

y tus lágrimas en un ánfora seca;

me saludaste con una mano

y leí que ya

era demasiado tarde.

Me quedé en el otro lado de la acera.

Me quedé recordando.

Me quedé en el cristal del aeropuerto

donde pusimos nuestras manos sin tocarnos.

Y reímos y lloramos y dijimos ser

golondrinas que vuelven.

Sin embargo la niebla y tus

silencios de porcelana

(había muerto tu madre

y nunca lo supe)

Y mis alaridos de martillo

que desesperados

te llamaban

rompieron el templo de cristal

que construimos en el aire

aquel verano.

Fórmula matemática del amor

Había algo que no encajaba. Y todavía con el nombre de aquel libro en la mente pensó en sus números. El libro se llamaba:

“              S

         de amor           “

y estaba lleno de palabras con, podríamos decir, sus hijos dentro. Era como una muñeca rusa

de aquellas preñadas de otras muñecas cada vez más pequeñas más pequeñas. A él le gustaba, por ejemplo, la palabra:

                ENTRAMADOS

                     TRAMADOS

                        RAMADOS

                           AMADOS

                                     DOS

                                           S

Así, eran todas las palabras: acababan en DOS y en S -de ahí el nombre del libro-.Pero había algo que  no encajaba…

Sabía de las posibilidades del 2: de las parejas, de los plurales mínimoS

Dos solos. Dos haciendo tres,

cuatro,

cinco

familia numerosa…

Pero había algo que no encajaba. Él sentía el 8 más como número del amor. Y no sabía por qué;  pero intuía que era una cuestión de tiempo. Venteaba al amor tan antiguo como las letras y los números. Eterno. Y entonces, jugando con ellos, apareció hablando diferente y de lo mismo; apareció volando como una perdiz asustada; apareció como cuando despejas la incógnita de la ecuación -donde siempre había estado y el poeta matemático ya había dicho-. El 2 y la S. La S y el 2. Son lo mismo mirándose en el espejo (otros lo llaman “media naranja”).  Y juntos, haciendo el amor, forman el infinito. El amor infinito. Ocho.

                  S+2=8                                                                S+2=

Frida Khalo -carta-

Me gustaría compartir con todos este maravilloso ejemplo de poesía concreta de  mi amada (o alada)pintora y poetisa Frida Khalo. Esta carta se encontró posteriormente a su muerte entre unos documentos; no creo que su intención fuera su publicación como tampoco es intención del pájaro cantar para que lo oígan los hombres, sin embargo, aquí os dejo este canto que sufre. Siempre que lo leo me pregunto por qué sus lágrimas escogieron esas palabras.

carta4

 

Todos tiene algo que hacer el mundo es lógico

 

pinta-pintor

escribe-escritor

cosina-cosinera

campanea-campanero

roba-ratero

cose-costurera

traiciona-traidor

trabaja-trabajador

quiere-querendón

sufre-Frida

desprecia-Diego

Diego-Frida

Algo

se me olvidó decirte

las luces, los niños, las

cosas breves

como el juego fuego

artificial.

es mentira que creas a

el mar,  la sal, en la ventana

-la pena me refiero-

en minúsculas gotas:

miles de partes

de algo

que podría ser un

corazón

o

una bala en la recámara

abrazado a ti

sobre todo abrazado a ti.

alegríase, soñando se

me olvidó decirte

algo

místico (esdrújulo)

por ejemplo

árboles, libélula, ópalo

triángulo…

Ella

Ella es mi mujer. Ella es mi madre. Ella es mi hermana. Ella es mi amiga, mi amante, mi confidente, mi secreto. Ella es la tierra. Ella es el fruto y la flor. Ella donde hundo mis raíces en ella. El origen. La playa donde las tortugas van a desovar. El crotoreo de las cigüeñas. El olor a lluvia en la tierra. Ella. Una mañana de invierno la vi en una oca extendiendo sus alas dando calor sus trece polluelos; otra, en una lágrima de una Virgen no recuerdo dónde… Y en el pecho de Lebeña –aquí sí estoy seguro-. Y en los primeros brotes de un bosque quemado. Y en una higuera naciendo de una alcantarilla. Y en todos los lugares que nacen está ella. El amor está en ella -o ella está en el amor, no sé-; esta idea se me escurrió como peces y no me dio tiempo a atraparla en letras… sucedió en un campo mientras una vaca pastaba mansa y serena la hierba: hablaba de vida, de entrega, de sacrificio, de bondad; hablaba con voz de madre eterna en el tiempo. Generosa. Azul. Hablaba con mil voces y una sola. Ella. Me atravesó como el arroyo al que vuelve la anguila. La huelo al pelar las patatas que nos da. La siento al plantar un árbol. Ella. Y en este instante, también, en esos pequeños dedos de los pies que se mueven mientras ella y yo vemos una película juntos.

mujer-tierra-simbolo

Poema de amor (Autocompletar Google)

Te quiero.
Te quiero mucho.
Te quiero tanto.
Te quiero por encima de cualquier pero.
Te quiero por cómo eres.
Te quiero porque te quiero.
Te quiero porque me das de comer.
Te quiero porque sí.
Te quiero porque no.
Te quiero porque no hay que tocarte con guantes.
Te quiero porque no sos mía Rayuela.
Te quiero sin querer, sin condiciones, sin peros
sin decir “te quiero”.
Te quiero amor.
Te quiero a morir.
Te quiero a ti.
Te quiero.

Esto no es cuento

Esto no es un cuento aunque podría serlo. Un cuento de esos con final triste y bello que tan bien sabía hacer Oscar Wilde en los no sabes si llorar o tocar las últimas letras escritas…


No recuerdo bien si aquella mañana había niebla o es la niebla la que está en mi memoria. No recuerdo ya apenas su voz que se confunde con las olas o el color de su mirada que se pierde en azul.


…pero por desgracia no soy Oscar; solo un simple mamporrero de palabras, un mono que golpeando con un palo intenta hacer una canción; y sé que nunca podré decir aquello que vi en aquel puerto; sé que solamente podré hacer una aproximación: un garabato, un eco. Hacía más de 20 años que no volvía a ese pueblo. Y es curioso, de él, solo recordaba su olor a mar y una estatua.


No recuerdo su cara: su imagen es una fotografía vieja que se borra y no quiero sacar de mi bolsillo por si la sal la marchita. A veces creo que me roza en la nuca, a veces que me susurra palabras, pero sé que es la brisa, sí, es la brisa. O no. No sé.


Es una estatua de bronce en la entrada del puerto de una anciana sentada en una silla como esperando…. Sus ojos miran al espigón pero su mirada va más allá donde se pierde el horizonte; sus labios sonríen levemente en un gesto, cómo decirlo, cómplice ¿Has visto la Mona Lisa alguna vez? Sus manos ajadas apoyan una sobre otra en el regazo: serenas una sobre otra hacen una sola. Juntas. Juntos. No sé – No sé qué género escribir. Bruto, soy un bruto mono-.


Cuando estoy triste y creo que se ha olvidado de mí me manda cartas que tienen forma de pez. Saltan urgentes durante el atardecer cuando la mar está calma o me enseñan su tripa plateada repleta de recuerdos.


Viste un traje de época y la cabeza cubierta con un pañuelo como iba mi bisabuela en el pueblo; con un mandil del que podía sacar cualquier cosa de su único bolsillo: una foto, un caramelo, una caricia… Junto a la silla hay un brasero; me imagino de brasas que nunca se apagan. Si tengo que ser sincero, todos estos detalles no los recordaba.


El cielo hace veladuras mientras el sol se pone en ti. Dibujan la palabra siempre. Y las velas de los barcos van y vienen. Los pañuelos en el puerto dicen adiós y dicen lágrimas. Todas las lágrimas son saladas. La sal es lo que queda cuando el agua se va y todo se evapora. Los barcos van y vienen… Lo sé porque he visto ir y venir cientos, tal vez, miles. La sal.


La primera vez que la vi era un tonto adolescente que solo pensaba en chicas y emborracharse. Era una noche de verano ebria saliendo de un bar agarrado a la cintura de una muchacha; íbamos de camino al faro del puerto para comernos a besos en la oscuridad de la casa abandonada del farero. Y algo hizo detenerme junto a ella: sentí en su bronce una historia profunda ¿Has mirado el fondo del mar desde un barco alguna vez? No sé, algo como abismo. Mientras nos besábamos ese algo me llevaba a otro lugar. Y aunque soy de los que cierran los ojos al besar, aquella vez no podía. Mareado por el alcohol la mar se confundía conmigo. Las olas, la sal, las algas, las rocas arrastradas me llevaban mar adentro, mar adentro. Luego, cuando abría los ojos para no hundirme, estaba aquella chica iluminada intermitentemente por el faro, como en un sueño real y no. Real y no. Vámonos le dije. Tan pronto contestó ella. Sí, es tarde y mañana he quedado. Un ratito más, solo un ratito más –me estás dejando a medías me decían sus ojos. No, contesté áspero. Volvimos por donde habíamos venido y allí donde empezaban las luces me dijo que se iba sola a casa. Le pregunté si no quería que la acompañase. No, es tarde – su voz imitaba burlona la mía. Volví por el mismo camino por el que habíamos ido, no porque no supiera regresar sino porque quiera volver a ver a aquella estatua, otra vez la mar profunda… Y allí me quedé, de pie, mirándola como si fuera un espejismo que va a desaparecer en cualquier momento; y de entre las sombras apareció un borracho que me dijo “es la mujer de un pescador que nunca regresó, le está esperando toda la vida”. ¿Qué has dicho? Quería saber más: su nombre, cuándo sucedió, si tenía hijos o quedó sola… ¿Qué has dicho? Volví a preguntar. Pero el borracho se giró sin decir nada y se fue tambaleando calle abajo. ¿Qué has dicho? Pero nadie contestó. Nada. Me fui al albergue a dormir mis restos etílicos acompañado solo por el tac tac de los pasos. Olía a mar. Todo olía a mar. Aquella noche soñé que respiraba agua… Cuando desperté al día siguiente mi cabeza, mi cuello, mis hombros se levantaron como tirados por un resorte y mis ojos y mi boca se abrieron como platos. Necesitaba aire. Aire. Una bocanada entró por mi garganta y un espasmo de tos hizo de llanto, como si hubiera nacido. Durante aquellas vacaciones no volví a aquel lugar, no sé si por miedo a la estatua o por miedo a aquella chica que dejé incendiada. Veinte años más tarde volví.


Las gaviotas nos cantan poemas desde el aire. Versos de viento que dicen que estás conmigo. Me acompañan todas las tardes. Yo les tiro restos de la lonja que me traen los niños. Ellas cantan. Una escama plateada en su pico amarillo refleja un haz de luz a veces.


Cuando regresé lo hice preparado; llevaba dos cámaras fotográficas, un block de notas y varios bolígrafos por si alguno se quería quedar caprichosamente seco en el peor momento… Esta vez lo hice de día, no quería que las sombras escondieran sorpresas; y sobre todo, no tomé ni gota de alcohol. Solos, ella y yo. Estuve haciéndola fotos desde todas las perspectivas, anotaciones describiéndola –algunas de ellas que ya habéis leído- y sobre todo la toqué, la toqué como toca un ciego las últimas letras de un cuento; quería saber que era cierta; que estaba ahí y era cierta y no un sueño. Luego respiré hondó cerrando los ojos –allí siempre huele a mar- y cuando los abrí y mientras empezaba a girar sobre mis talones para irme algo me detuvo; una cortina de niebla se había formado frente al puerto. Nunca he visto hacerse una tan rápido o quizás fui yo que absorto había dejado pasar demasiado tiempo.


No recuerdo bien si aquella mañana había niebla o es la niebla la que está en mi memoria. No recuerdo ya apenas su voz que se confunde con las olas…


No quería que los sueños se apoderaran de mí. Los adultos tenemos estas cosas, no creemos en cuentos… Así que agarré mi cámara y empecé a hacer fotos a todo mientras nos invadía la niebla. No quería que me engañaran más los recuerdos. Y apareció ella esperando.


…o el color de su mirada que se pierde en azul. Pero lo que sí recuerdo, aunque la sal se adentre hasta mi alma, es su última palabra al despedirse cuando le dije “vuelve”. Siempre. Él me contestó “siempre”.


CLIC le hice una foto, CLIC esto no es un cuento. Aunque podría serlo. “Es la mujer de un pescador que nunca regresó, le está esperando toda la vida”-recordé- y ahora estaba ahí… Por eso, os dejo aquí las fotos que hice para que vosotros juzguéis. No le dije nada, me quede callado mirándola, de pie, como si yo fuera una estatua, un pez, una gaviota, la brisa… Luego, cuando todo era niebla, bajé la calle de aquel puerto solo acompañado por el toc toc de mis pasos y una canción que salía de alguna ventana abierta. Es una canción mejicana triste y bella. Sí, es casualidad, tanta casualidad que parece un cuento. Pero no lo es. Creo que también la historia de la canción es real. O no. No sé.

llanes cuento

llanes