Débil

La bolsa de plástico

persiguiendo a un camión a través

del aire.

El aire con un leve olor

a flor y pescadería.

El pescadero

que descansa blanco en la puerta

tocando su teléfono toc toc

al sol.

Sol que por un momento

entre dos nubes sucede.

Dos nubes diferentes diferentes siempre.

Momentos

unidos

como por una cadena

donde

el eslabón más débil

soy yo.

 

 

Manzanas mordidas

labios

La ciudad está repleta

de niñas iguana

agarradas a las farolas, sobre

los coches,

en el suelo. Nieva

pétalos flor de miércoles

o almendro.

-Es cualquier día 29 de febrero soleado –

Sensualmente

unos labios gruesos cruzan la calle

y me miran

como miran las serpientes.

Y vuelvo a recordar

a qué

sabe el color rojo.

 

Los ciervos escapan de mi pecho

corazones de manzanas mordidas.

Tres flores de cerezo

cerezo2

Subidas a un muro

tres niñas

cogiendo flores de cerezo

con su abuelo –creo-.

Una no llega.

La otra

le cede el sitio.

La más pequeña corta una flor

y se la da

al viejo.

No llego. Ven ponte aquí. Te la regalo -dicen

La falda de su uniforme

es

del mismo color

que el árbol:

Rosa blanco roja negro.

 

 

dedicado a mi hermanita y a su segunda fecha de cumpleaños

La chica mandarina

mandarina

                                 La chica

                                 en sudadera y pantalón

                                 corto

                                 sentada sobre

                                  el muro

                                  comiendo una mandarina

                                  mientras llueve.

                                   Tan fresca y

                                   tan dulce.

La granada

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La granada
reventada por sus semillas
recuerda que una vez
-no hace tanto-
fue
una flor.
Sus pétalos
refulgían en primavera después de la lluvia. Rojos.
Todavía podía escuchar
el zum zum de los insectos
a su alrededor; el olor
en las noches de verano,
la brisa del sur… No hace tanto.
Ahora
vacía y seca
solo
espera
que en algún momento
se acuerden de ella
mendigando
una llamada de teléfono:

        – ¿Hola mamá, cómo estás?

Torpemente

La luna llena sobre París ha transformado en hombre a Denisse– cantaban a la vez en el supermercado: Ella recogía la compra. Él esperaba la cola detrás de la caja. Sonaba esta canción por megafonía: era un viejo tema de los años 80 que ambos conocían y a ambos les llevaba a otro lugar –supongo- por cómo miraban al infinito.¡Auuuuu! lobo hombre en París. Lo hacían de una manera armónica como en una coreografía: ella metía el azúcar, él marcaba el ritmo con el pie; ella metía el pan, él se daba una palmadita en el muslo. Sincronizados. Era tan hermoso verlos bailar como hojas de otoño en una esquina de un día de viento -en espirales amarillas-; verlos compartir, de alguna forma, el mismo aire exhalando-inhalando, exhalando-inhalando la misma melodía… Tan juntos. Tan hondos. Y a la vez separados. Pensé: Si de verdad existe la “media naranja” aquí hay dos partes. Estuve a punto de decirles algo. No sé, que se dejaran el teléfono; que hablaran; que se tomaran un café. No sé. Algo. Pero justo cuando di el primer paso para dirigirme a ellos, comprendí que tenía que ser así; que era una intermitencia de la belleza -de las que por perfectas casi duelen-. Mínima. Efímera. Instantánea. Una estatua de hielo en el desierto. ¡Auuuuu! su nombre es Denisse. Y mi compromiso, intentar devolverla esculpiendo palabras torpemente.