50 años

SAN PEDRO

Estaba en una bolsa azul

junto a un contenedor de basura

y asomaba un brazo –no te asustes-

como pidiendo ayuda.

Era un corazón de peluche rojo

con unos ojos grandes

y una sonrisa grande

y dos palabras grandes

escritas en el pecho

que decían “te quiero”.

Viéndolo allí tirado

como otro juguete roto

me dio por pensar si

al amor

siempre le pasará eso.

Pero luego,

unas calles más tarde,

recordé a mis padres

-después de cincuenta años casados-

paseando todavía

cogidos de la mano.

 

 

Dedicado a mis padres que hoy habrían hecho 52 años casados.

Mariposas

A  veces –pocas-

una mariposa

se posa

en un pensamiento –idea o flor-

y se convierte –por así decirlo-

en una espiral de belleza.

(Nota: Pensar más tarde

en la palabra “pensa-miento”

si pensar y mentir

es lo mismo. Yo creo que no. Pero…)

Por dónde iba…

Sí, en espiral de belleza…

Menos veces –aún-

unos ojos

presencian este acto

–como una obra de teatro

minúscula, única y dulce-

Dura, lo que dura, un aleteo.

Y es gratuita como la amistad.

He visto tus manos

haciendo mariposas

con alas de color de versos.

regalo soraya

 

Dedicado a mi amiga y poeta, Soraya, en el día de su cumpleaños.

Nota al pie

Llueve en la habitación.

Si esto

fuera un verso

podría ser un buen verso

para empezar un poema.

Un poema de amor, desamor

de paso del tiempo o

uno de esos que

no entiendo

pero amo.

Podría ser hermoso

y alegre

y quizás alguien

en algún lugar

lo leyera

y lo hiciera suyo.

Pero no.

“Llueve en la habitación”   *

no es un verso.

 

 

*La gotera ocupaba toda la sala// Sala 1 del hospital// Habían colocado unos plásticos a modo de guía para que las gotas -caprichosas- no tuvieran otro recorrido hacia suelo// que al cubo// Esperábamos nuestro turno// El mío 16 A// Y esperábamos viendo cómo se llenaba igual que una clepsidra grotesca// Llueve en la habitación// Ahora los hospitales los llaman Fundaciones y el dinero público lo gastan -gota a gota- de forma privada// Se está desbordando//Llueve en la habitación// Por desgracia, algunos pacientes, no somos rentables.

Autocomplétame 2.0

Lo.

Lo que escondían sus ojos.

Lo imposible.

Lo mejor de mí.

Lo mejor de nuestras vidas.

Lo que me gusta de ti

y me gustaría decirte.

Lo que la verdad importa

y el viento se llevó.

Lo que el viento se llevó   – es tu película favorita-

El viento.

El viento se levanta.

El viento en los sauces, en otoño, en Cádiz.

El viento en las nubes.

Lo que mueve las nubes.

El viento.

Lo que mueve el mundo.

Lo que mueve el voto americano –es incógnita como tú-

Lo que mueve mi vida.

Mi vida.

Mi vida extra.

Mi vida eres tú.

Tú.

Tú tan bonita.

Tú, tan lejos.

Tan solo.

Solo.

Solo un segundo.

Solo un segundo tú y yo

tú y yo –otra vez-.

Solo amor.

Amor.

Amor y dolor.

Amor eterno.

Eterno retorno.

Eterno resplandor de una mente sin recuerdos  -es mi película favorita-

y que nunca te olvida.

Eterno retorno

a ti.

A ti tan bonita.

A ti tan lejos.

A ti mujer.

A ti mujer poema.

Poema

que se autocompleta

contigo.

Autores: Autocompletar Google y un servidor.

helado de limón

excusas

abro la puerta y me digo a mi misma

que soy fuerte  como un helado de limón

que en las escaleras hay un juguete

con una sonrisa y una lágrima

en el suelo

que hay un lugar para volver

un lugar para juntos

 y nadie más

dulce helado de limón otra vez en el suelo

y los tambores tocan verdad

igual que las campanas tocan a muerto

y me digo a mi misma

que soy buena

y fuerte

y que puedo sin ti

y me digo a mi misma

y me cuento yo qué sé

-cualquier excusa-

para seguir rompiéndonos juntos

SOLO

TAJO

La noche y la soledad son hermanas.

Y la única luz que espera en casa encendida es

la de un frigorífico vacío o la de un microondas loco

que gira

que gira

dando vueltas a mi cabeza precocinada.

 

El silencio

y la soledad son hermanos.

Y la única voz que me da la bienvenida

es

un televisor con noticias siniestras

o la radio

con canciones que se repiten

una vez

y otra vez

el mismo día, a la misma hora,

miércoles y fines de semana alternos

como un disco rayado por la uña trágica de Ella.

Sí, lo sé,-no digas nada-

todo esto lo hago para no escucharme;

lo hago, para  no oír la voz de mis pasos que aún descalzos

gritan:

“Estás solo”

Soy el rumor de una habitación sin cortinas.

Soy la g

        o

        t

        a que cae al fregadero.

                    El tic tac

de una noche en vela.

Soy el brazo dormido. Soy

un eco de mí mismo que se apaga.

 

La soledad y yo

somos hermanos -casi amantes-.

Y paso largas horas hablando con Ella

(como una beata pecadora con su rosario) en silencio;

en una letanía que a veces deja escapar

una palabra (en voz alta),

por ejemplo “ azul” o “cerca”;

que suena tan extraña como dicha

por otro,

como la nota que se escapa al aire

y la canción de la fiesta

sigue sonando en la cabeza… (hasta la locura)

Entonces, en esa otredad

-en esa otra casa-

descubro y confundo la realidad

y como un microondas -perdón- como un loco

grito en la oscuridad : “Ella”

Sólo la tienes a Ella.

Sólo a la soledad.

Sólo. Solo.

Juntas

Ella le peinaba las cejas

mientras le hablaba.

Ella, llegadas a un punto

de la conversación, la abrazó.

Hablaban de

las compras de Reyes que otra vez

les había tocado -a ellas-

hacer.

Llevaban las dos anillos

de la misma marca o

de la misma forma, no sé.

(un delfín).

Estaban juntas, muy juntas

-como esos anillos al dedo-

sentadas en el metro.

Y reían ¡Cómo reían!

Ella calzaba unos zapatos

de piel con tacón cuadrado.

Ella

unas zapatillas deportivas.

Manzanas mordidas

labios

La ciudad está repleta

de niñas iguana

agarradas a las farolas, sobre

los coches,

en el suelo. Nieva

pétalos flor de miércoles

o almendro.

-Es cualquier día 29 de febrero soleado –

Sensualmente

unos labios gruesos cruzan la calle

y me miran

como miran las serpientes.

Y vuelvo a recordar

a qué

sabe el color rojo.

 

Los ciervos escapan de mi pecho

corazones de manzanas mordidas.

La sed

sed

Llámalo cosa/vacío/límite
a todo aquello
que sospecho, intuyo, persigo;
y
mi incapacidad de nombrarlo con extrañas
(ya las siento como ajenas) palabras.
Texto predictivo es
finalmente
todo
lo que veo-siento-soy.
Destino grabado en 1000
palabras inútiles
para hablar del pequeño matiz vivo
entre piedra y liquen, por ejemplo.
Palabras gastadas, palabras
menguantes
hasta
otra vez el gruñido.
Quisiera decir
quisiera decirte que
<¡Mierda! ¡Esto es una mierda!>
Si las hojas no aletearan en su caída
me sería más fácil…
No tendría que vivir asesinando al poeta,
ni esconderme en ellos
huyendo (de ese otro yo).
Ahora ya comprendo por qué
desaparecen algunas personas
y nunca vuelven.
Pero la sed
-ésa sí-
siempre vuelve,
una y otra vez
vuelve.
La sed.
Y me atrapa y me obsesiona
esta necesidad esta necesidad esta necesidad esta necesidad esta necesidad
esta necesidad esta necesidad esta necesidad esta necesidad esta
necesidad esta necesidad esta necesidad esta necesidad esta
necesidad esta necesidad esta necesidad esta
necesidad esta necesidad esta
necesidad esta
necesidad
esta

 

Fotografía/Collage: Luis María Ortega Chamarro
Poema: Manuel Alonso

Rae y Leonard

cohen

Últimamente

una paloma me enseñó

a dejar caer el polen de la flor,

a llover suave

y menudo,

a mover las alas manteniéndote en el sitio,

a afinar los pensamientos…

Leonard Cohen me enseñó

los gritos agudos

y repetidos

de los perros cuando los maltratan.

Esto no es China –dijo

Nadie se lo va a comer.

Pero todavía

sigo sin encontrar

la palabra

que siento

cuando veo escrito tu nombre.

Ilustración: Leonard Cohen en "Libro del anhelo" de Editorial Lumen
mi droga secreta es la muerte/la tomo cuando te veo/y tú no me ves

La pantera

pantera
Su mirada está al paso de las rejas
tan cansada, que no retiene ya objeto alguno.
Para ella, es como si mil rejas hubiera
y detrás de las mil rejas ningún mundo.
LA PANTERA – R.M. Rilke

 

 

Cuando, al fin, salió a campo abierto sintió el error. Todos los límites que había imaginado ya no estaban. Todas las verjas que había roto ya no estaban. Todas las paredes y tejados, no estaban. Pero al mirar al horizonte y a su interior, sintió el error como aguja que se clava hondo. La prisión. Su prisión. La llevaba dentro; y lo único que percibía mirando al infinito era una simple cuestión de tamaño; en la que el mundo  era una enorme jaula de color azul casi negro y él, la pantera, entre las rejas que cada vez se hacía más de noche. Cuando, al fin, salió a campo abierto sintió el error. Todos los límites que había imaginado ya no estaban. Todas las verjas que había roto ya no estaban. Todas las paredes y tejados, no estaban. Pero al mirar al horizonte y a su interior, sintió el error como aguja que se clava hondo. La prisión. Su prisión. La llevaba dentro; y lo único que percibía mirando al infinito era una simple cuestión de tamaño; en la que el mundo  era una enorme jaula de color azul casi negro y él, la pantera, entre las rejas que cada vez se hacía más de noche. Cuando, al fin, salió a campo abierto sintió el error. Todos los límites que había imaginado ya no estaban. Todas las verjas que había roto ya no estaban. Todas las paredes y tejados, no estaban. Pero al mirar al horizonte y a su interior, sintió el error como aguja que se clava hondo. La prisión. Su prisión. La llevaba dentro; y lo único que percibía mirando al infinito era una simple cuestión de tamaño; en la que el mundo  era una enorme jaula de color azul casi negro y él, la pantera, entre las rejas que cada vez se hacía más de noche. Cuando, al fin, salió a campo abierto sintió el error. Todos los límites que había imaginado ya no estaban. Todas las verjas que había roto ya no estaban. Todas las paredes y tejados, no estaban. Pero al mirar al horizonte y a su interior, sintió el error como aguja que se clava hondo. La prisión. Su prisión. La llevaba dentro; y lo único que percibía mirando al infinito era una simple cuestión de tamaño; en la que el mundo  era una enorme jaula de color azul casi negro y él, la pantera, entre las rejas que cada vez se hacía más de noche. Cuando, al fin, salió a campo abierto sintió el error. Todos los límites que había imaginado ya no estaban. Todas las verjas que había roto ya no estaban. Todas las paredes y tejados, no estaban. Pero al mirar al horizonte y a su interior, sintió el error como aguja que se clava hondo. La prisión. Su prisión. La llevaba dentro; y lo único que percibía mirando al infinito era una simple cuestión de tamaño; en la que el mundo  era una enorme jaula de color azul casi negro y él, la pantera, entre las rejas que cada vez se hacía más de noche. Cuando, al fin, salió a campo abierto sintió el error. Todos los límites que había imaginado ya no estaban. Todas las verjas que había roto ya no estaban. Todas las paredes y tejados, no estaban. Pero al mirar al horizonte y a su interior, sintió el error como aguja que se clava hondo. La prisión. Su prisión. La llevaba dentro; y lo único que percibía mirando al infinito era una simple cuestión de tamaño; en la que el mundo  era una enorme jaula de color azul casi negro y él, la pantera, entre las rejas que cada vez se hacía más de noche. Cuando, al fin, salió a campo abierto sintió el error. Todos los límites que había imaginado ya no estaban. Todas las verjas que había roto ya no estaban. Todas las paredes y tejados, no estaban. Pero al mirar al horizonte y a su interior, sintió el error como aguja que se clava hondo. La prisión. Su prisión. La llevaba dentro; y lo único que percibía mirando al infinito era una simple cuestión de tamaño; en la que el mundo  era una enorme jaula de color azul

Trascendental

tragaluz-para-la-luz-inversa

Es Amor

más allá

mucho más allá

que se oculta tan profundamente universo

en la sencillez radical de (la metáfora búscala tú)

 

                                               Método de trabajo

                                       Escucha varias veces

                                       la imagen

                                       de un mundo hacia dentro.

                                       Imagina – nunca dejes de imaginar-

                                       dos espejos enfrentados

                                       y tú y yo y tú y yo en ellos

                                       ProyectadosConfundidos

                                      en un infinito juntos.

 

Mientras, en algún lugar

las partes constitutivas y prácticas

se quedan aquí.

Quiero decir, la demostración

científica

de que existe. Se queda aquí.

(Los necios sólo verán

huellas en el espejo)

Así, la entrega absoluta

se extiende

desde el batir del corazón

-de quien se enamora la primera vez-

hasta la visión fugaz

de los mártires. Hilos

son hilos

que se cruzan y entrecruzan

y repiten hilos:

Acto I:

                Sacrificio y muerte.

Acto II:

               La luz se abate

               y cae

               cae

               sobre los amantes.

Acto III:

              Desintegración

              en un mundo que trasciende.

 

Collage: Luis María Ortega Chamarro
Poema: Manuel Alonso

Ahora

ahora

Ya no sé muchas cosas

pero todavía

sé que tu color preferido es el morado

y tu libro Los Miserables.

que siempre que ponen Willow en la tele

la ves y ya

has perdido la cuenta de cuántas

                                          veces

la has visto;

que andas como un pato, un patito de esos

“de feria” que vendían cuando éramos niños

y te distinguiría por tu forma de andar entre

cien personas o más a un kilómetro;

que tu tío preferido, también era feriante, y te llevaba

en un caja fruta cuando eras niña y tú te imaginabas ser

una lechuga;

que te gustan los animales. Todos. Y muchos

caracoles te deben la vida;

que por culpa de unos petardos

se os perdió una perra y todavía andas

buscándola en sueños.

que llevas, casi siempre, las gafas sucias

y muchos calcetines con tomates y calzas

el número 36 y medio y juntas las manos cuando estás triste y

la felicidad te sabe a judías verdes y duermes

del lado derecho de la cama sobre tu lado derecho hecha

un bicho bola y yo

te abrazo por la espalda como

si fuéramos dos cucharas hasta las doce

o más… Sin prisa.

Pero hoy

ya no recuerdo dónde

he aparcado, ni qué he comido y mañana

 

sólo habitaré en la niebla

 

-como cuando te dejaba mensajes de amor

en el espejo del baño

para cuando salieras de la ducha-

 

Sssshhhhh

                     calla.

                               No digas nada. Ya sé…

Y ahora sonríe.

Sonríe ahora. Vamos a ser felices

ahora,

en este instante, que nos hacen una foto…

CLIC.

 

Fotografía: Cesar Karras
Poema: Manuel Alonso