Árboles

Hasta que no vi
el tamarix
en flor
a tu
lad
o.
Y te hice una foto
(inútilmente hago fotos)
rosaconjuntada
con él.
Siempre había creído
que solo era
duro, recio y seco.
Tampoco encontramos
la encina
que plantamos en invierno.
Pero no importa.
¿Sabes
que no te estoy hablando
de árboles, verdad?

La palabra

Enredarse por aire que respiras

hasta llegar a la palabra exacta.

La palabra que hace nacer.

La palabra que enciende soles.

La voz del nombre

que agita vida.

La palabra que despierta luz.

La palabra sagrada que te llame,

que murmure el gran silencio

el gran vacío

que engendra todo ser.

Tu silencio.

Tu quietud.

Será la palabra exacta.

El rio infinito.

El intuitivo experimento klingon

…como te iba diciendo

la chica de ojos almendrados

y labios carnosos

mordía

una manzana verde;

después, una chocolatina

tan dulce y deseable.

Último aviso a los pasajeros

del vuelo siete, tres, nueve nueve , con destino a Oporto

embarquen urgentemente por la puerta catorce.

Suenan villancicos en la plaza

y se reparte roscón con

chocolate.

A la vez, en la iglesia de al lado,

doblan campanas a muerto.

Olga: –

(habla con una mujer en el lenguaje de los signos

ambas ríen en silencio)

mientras  la mano ensimismada escribe

“la chica de ojos almendros

y labios carnosos

mordía

una manzana verde…”

el ruido alado de las palomas.

¿Te has fijado que los pájaros

suben a las cimas de los árboles

al amanecer?

Nos miran

Nos miran.

No son estrellas. Nos miran

desde nuestra oscuridad hasta sus ojos

esperan

como la araña a la polilla.

Polillas que se estrellan contra tu ventana insomne.

Ventanas iluminadas en ciudades muertas.

Luces con dientes de tiburón cantando

la canción del naufragio.

Rochas negras da Costa da Morte

aguardan

-en silencio voraz-

tu golpe seco de pájaro herido;

el clac

con el que se despide la flor marchita;

el olor almizclado a fruta

demasiado madura demasiado podrida.

Están ahí, en el garaje,

cuando sales del coche de madrugada.

Están

en esa llamada a deshora.

Habitan todas tus esquinas oscuras.

Ven,  cierra los ojos –dicen

y sueña

que no podrás despertar.

Descarado

El martillo neumático otra vez.

Entre

los coches que pasan un claxon picadura;

autobuses, camiones, la sopladora de

hojas. -Miro al cielo-

Pasa un aeroplano pasa un helicóptero.

Y el sonido de las rodadas y los motores

que no cesa.

Amortiguadores oxidados en unas lunas

tintadas de reggaetón,

La moto

de un repartidor de comida rápida rápida.

Arrojan

unos escombros en un contenedor metálico.

Ruinas azules en una ambulancia que huye y aúlla.

Miro al cielo: Entre las nubes

dos turbinas de pasajeros low cost.

Y el sonido de las rodadas y los motores

que no cesa.

El martillo neumático otra vez

Tra tra tra tra tra

Y de entre tanto

ruido solo

a veces

el descarado piar de los gorriones.

El palomar

el aire las llama

pájaros abuelo

en casa siempre

siempre

una casa antigua

una pequeña puerta

y aquel ulular

la mesita del té

lleno de telarañas

y telarañas

un sonido blanco

creo que me sentía querida

hace ya más de diez años

en sus manos se sentían libres

no dormía

murió por la tarde

él era el palomar

Inspirado en el relato El palomar de Natalia León

La avioneta blanca

A veces me pregunto por qué no puedo.

Esa avioneta ya pasado dos veces por ese mismo cielo

o soy yo que me repito, me rebobino y me repito

en esta nada que no huele.

Vuelve a pasar la avioneta es blanca y vuela bajo.

Vuela al oeste;  vuela al atardecer aunque es mañana.

Vuela una paloma y se asoma al alero.

Por qué querrá estar aquí.

Pasa la avioneta blanca otra vez.

Creo que hace círculos.

Los buitres también hacen círculos buscando carroña.

Quizás soy yo que me estoy pudriendo.

La paloma ha encontrado una pareja: zurean –creo

que se dice así- y bailan también en círculos.

Pasa la avioneta blanca otra vez; esta vez

vuela más bajo.

Querrá aterrizar o morir o ya

habrá visto a su presa.

A veces me pregunto por qué no puedo.

Pasa la avioneta blanca otra vez.

Vuela al oeste.

Es casi un punto brillante entre las nubes negras

como una estrella fugaz.

Nuevo canto

Solo quedan los botones

y una zanahoria seca

de nuestro

muñeco de nieve.

Apagaron, hace unos días ya,

las luces de los árboles.

Y las calles son más ásperas

más motosierra.

Las torres de alta tensión

se alejan

hacía un atardecer imaginado

cuando eres ciudad.

Y paseas y piensas que

las jaulas y las armas

las hacen los mismos.

Aquí todo se mezcla.

Todo se mezcla, amor,

no sé si bien o mal

como la piña en la pizza

como la alegría y la muerte.

Pronto florecerán los almendros.

Los días son más largos.

Y mañana escucharás

un nuevo canto de los mirlos.

Ser serpiente

ser joven otra vez

y poder equivocarme de nuevo

ver todo con

nuevos ojos

otros ojos que no

son

estas tristes y cansadas celdas

de mirada descreída y maliciosa

que siempre

siempre

desconfían y no saben ya

quién es ése

que se mira afeitándose

y duda

si apretar un poco más

la cuchilla en el cuello

poder                   volver                   a creer

limpio

y abierto

como la mano tendida de un niño

a su padre

y pensar

que todavía  se puede

y pensar

empezar de nuevo…

ser serpiente

que muda la piel y deja

entre rastrojos

-estos ojos –

estas cicatrices y durezas

que tanto hablan de mí

Los arces otra vez

Los arces otra vez tan rojos.

Y las tiendas a las que íbamos

han cerrado o ya

son otras tiendas.

Alguien

que eras y no eras tú

ha cruzado la calle pequeña

rápida y embozada.

Al mirarte al mirarla

quise decirle:

Tienes los mismos ojos que tu madre.

En el silencio

de un polígono industrial en domingo

-bajo el cielo gris-

una formación de

grullas hacia el sur

se llaman.

Ingredientes para una mamá de mi época

20 gr de zapatilla roja de rizo

con suela de corcho que no duele.

1 ml de la saliva que cura todos los raspones.

5 gr de “a” o 5 gr de “o” dependiendo de la situación sofrito

para desmontar todos tus antojos:

Mamá quiero un caballo. Ni caballo ni caballa.

20 gramos de “tú verás” y otros 20

de “como vaya pa´allá ”.

1 chorrito de ametralladora “que te que te que te que te”

1 cucharada de “lo que lloras no lo meas”

2 trozos de la mejor tortilla de patatas del mundo

-no muy cuajada y con cebolla, por supuesto-

1 par de rayos x en los ojos.

100 besos de buenas noches y otros 100

de buenos días (Estos últimos

se pueden sustituir por tirón de sábana de “que te levantes ya”)

Vigilar cada 5 minutos debajo de párpado inferior

por si tienes anemia.

Espolvorear con ¿Dónde está el jersey azul?

Reducir con  “en su sitio”

Remover “cuál es su sitio” “en el cajón” “qué cajón” “en el de arriba” ”cuál de arriba” “como vaya pa´allá

Esperar el chancleteo de la zapatilla roja de rizo hasta que,

con su llegada, la salsa ligue y aparezca por si solo el jersey azul.

1 pizca de la receta secreta de sus rosquillas, bizcocho, filloas…

siempre incomparables. Irrepetibles.

Indispensable: calentar a fuego lento durante toda una vida con sacrificio, paciencia y amor infinitos.

 

A las ocho de la tarde

A las ocho de la tarde aplaudimos

a las valientes

a los que ya no están

y a los que están

pero están solos… Aplaudimos

para animarles

para animarnos

para animar al vecino que iluminaba con su linterna

y parece que hoy no sale;

para que el bebé de la terraza de enfrente siga bailando alegre

al ritmo de las palmas;

y para que este trueno se llueve la tristeza.

A las ocho

de la tarde aplaudimos;

bueno, no es la a las ocho

(siempre empieza unos minutos antes)

es como si los dioses del tiempo fueran rocieros -pienso

y no pudieran esperar más

para saltar la verja

de nuestra soledad ventana.

A las ocho de la tarde aplaudimos

y las nubes pasan y los toldos se ondulan y los días se alargan

y las palomas vuelan asustadas

a las ocho de la tarde… te llamo

después del aplauso ¿Vale?

 

con mi agradecimiento infinito a los sanitarios

Un abrazo

Imagina que pudiéramos

darnos un abrazo de espaldas

como si los brazos consiguieran

dar la vuelta.

Y pudiésemos juntarnos sin miedo…

Un abrazo, de esos,

que juntan dos corazones y dos cerezas y cierran los ojos

y hacen al tiempo denso.

Un abrazo que envuelva como líquido amniótico

y haga que inventemos

una palabra

que una

dos almas.

Algo así como almarados.

Un abrazo mamá.

Un abrazo ingrávido con tu mejor amigo  -en el galeón pirata de la feria-

Un abrazo como el que me di con mi padre

cuando la selección ganó la copa del mundo.

¡Campeones del mundo!

Un abrazo como los de antes…

Imagina que

estas palabras son mis brazos

y estoy contigo

soy contigo

ahora.

Abrazados.

Almarados.