La mosca

The Fly 1958

que en mi casa había una mosca

uno de esos silencios que parecen un agujero en el queso

no la mosca

es decir yo

con las puertas y ventanas bien cerradas

volaba a cielorraso

cómodamente abrazado al aire

a cielorraso

me pregunté

cuánto vivirá una mosca

( las preguntas saltan

como panteras)

hasta acabar en un plaf

porque

un día ( la vida de la mosca corre ávida)

se va reduciendo poco a poco

como mi habitación

hasta que la mosca y yo

seamos un mínimo de precisión indescriptible

abreviaré

la lucha contra el reloj y

el problema de entrar y salir de los muertos

y dormir a cielo raso

y odiar con cien ojos

y mi afinidad a la mierda y la policía

y al terrón de azúcar

y  la muñeca rusa de las horas,

los minutos, los segundos aburridos

en un vaivén de reflejos

y, me duele decirlo,

el gusto de aterrizar sobre una nariz

durante la siesta

por molestar, solo por molestar

y decir aquí estoy

antipoética feo

hasta que -patas arriba-

acabe en el alfeizar de cualquier ventana

al tercer día, mortalmente aterrado

imposible

llorando

escuché una voz en el café

y entre dos cervezas, le conté

la abrumadora melancolía

de lo inútil

 

Imagen: Película The Fly 1958
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Insomnio

insomnio

el viento se ve

dentro de aquel hombre

dentro de aquel hombre roble

en la tormenta

a punto de romperse

los recuerdos

donde la lluvia se agolpa se agolpan

en su cabeza

y la noche se acerca

no solo por la ventana

también

en aquella vieja silla

en su cama en sus palabras

vacías

pero qué más da

el monstruo se esconde

detrás de esto y de nunca

y nunca se puede encontrar

en la ausencia solución

tal vez

por esta razón nunca buscó

y se lo reservó

al insomnio

Sobre todo feos

feos

Quiere ser joven.

Quiere ser gracioso.

Quiere ser inteligente.

Quiere ser pacífico.

Quiere ser guapa.

Quiere ser modesta.

Quiere ser cuerdo.

Quiere oler bien.

Quiere ser segura.

Quiere ser modesto.

Quiere ser maestro.

Quiere ser bruja.

Quiere ser adolescente.

Quiere ser sabio.

Quiere ser pelota.

Quiere ser silencio.

Quiere ser susto.

Quiere ser árbol.

Los poetas somos

feos y raros.

Negativo

negativo

Ventana, puerta, habitación…

quiero decir, el espacio cóncavo del cuenco.

La materia negra entre las estrellas.

Los huecos

que dejan las hojas en el árbol como

una foto en negativo.

Vacío de infinitas posibilidades

del no-existir.

Imagina: una flor así de grande.

Imagina: un universo de síes.

Lugares por donde no pasan caminos

son

caminos a cualquier lugar.

Las no-palabras que no te supe decir.

El amor que por amor dejé pasar

durará siempre.

50 años

SAN PEDRO

Estaba en una bolsa azul

junto a un contenedor de basura

y asomaba un brazo –no te asustes-

como pidiendo ayuda.

Era un corazón de peluche rojo

con unos ojos grandes

y una sonrisa grande

y dos palabras grandes

escritas en el pecho

que decían “te quiero”.

Viéndolo allí tirado

como otro juguete roto

me dio por pensar si

al amor

siempre le pasará eso.

Pero luego,

unas calles más tarde,

recordé a mis padres

-después de cincuenta años casados-

paseando todavía

cogidos de la mano.

 

 

Dedicado a mis padres que hoy habrían hecho 52 años casados.

Mariposas

A  veces –pocas-

una mariposa

se posa

en un pensamiento –idea o flor-

y se convierte –por así decirlo-

en una espiral de belleza.

(Nota: Pensar más tarde

en la palabra “pensa-miento”

si pensar y mentir

es lo mismo. Yo creo que no. Pero…)

Por dónde iba…

Sí, en espiral de belleza…

Menos veces –aún-

unos ojos

presencian este acto

–como una obra de teatro

minúscula, única y dulce-

Dura, lo que dura, un aleteo.

Y es gratuita como la amistad.

He visto tus manos

haciendo mariposas

con alas de color de versos.

regalo soraya

 

Dedicado a mi amiga y poeta, Soraya, en el día de su cumpleaños.

Humus

humus

Volveré a ti, madre.

Descansaré en tu vientre cálido

de luz

y leche dulce.

Volveré a ti

y podré devolverte al fin

parte

de lo que te he robado.

-siendo esta vez yo

el alimento y el poema-

Mamá, volveré a ti

y descansaré

del hombre,

de aquello que pesa,

y seré -alado-

entero contigo

en tus nubes, con el mar

y la lluvia.

helado de limón

excusas

abro la puerta y me digo a mi misma

que soy fuerte  como un helado de limón

que en las escaleras hay un juguete

con una sonrisa y una lágrima

en el suelo

que hay un lugar para volver

un lugar para juntos

 y nadie más

dulce helado de limón otra vez en el suelo

y los tambores tocan verdad

igual que las campanas tocan a muerto

y me digo a mi misma

que soy buena

y fuerte

y que puedo sin ti

y me digo a mi misma

y me cuento yo qué sé

-cualquier excusa-

para seguir rompiéndonos juntos

El granado

granada

Después de la lluvia deshojaba flores a latigazos mientras decía : “todos hemos sido bellos alguna vez. Y felices”. No se lo tenían demasiado en cuenta en el pueblo; la llamaban la loca del granado y se rumoreaba que se había “ido” la mañana que se marchó el último de su sus hijos al extranjero a hacer su vida y se quedó sola. Sola con el granado. Lo había plantado su marido hace muchos años el día que aceptó un nuevo trabajo después de que ella diera a luz a su tercer hijo. Había demasiadas bocas que alimentar y el sueldo de un maestro no llegaba. Sabía de los riesgos en la mina pero el hambre te hace ser valiente. Y durante un tiempo fueron felices… y el árbol, de crecimiento lento, empezó a dar sus frutos hasta que escuchó la palabra grisú. Fue el grisú. Una explosión. Tú marido. Y así se quedó sola con el árbol y tres niños. Trabajó duro para sacarlos adelante; trabajó días y noches enteras para darles de comer y la educación que ella nunca tuvo. Trabajo. Durante este periodo de su vida solo trabajó. Y no tuvo mucho tiempo para ver cómo cambiaba su cuerpo y su rostro con las estaciones. Os puedo asegurar que un día fui bonita solía decir con una sonrisa desdentada a sus hijos. Y poco a poco se fueron marchando como hojas en otoño. Hasta que un día, el último de ellos, se fue. Ese día dejó de trabajar. Ese día ventiló la casa, como siempre, hizo las camas de nuevo, la comida para cuatro y cuando terminó; cerró las ventanas despacio, muy despacio, y se sentó apoyando sus manos en el regazo una sobre otra. Y miró al granado. Lo miro. Lo miró. Estaba igual que como lo había dejado su joven minero. Es un árbol crecimiento lento. Desde entonces, todos los atardeceres, dicen que se quedaba mirándolo. Miraba cómo el sol caía entre sus ramas peladas en invierno, entre las hojas en verano; cómo caían en otoño. Miraba a sus flores… Flores que luego se convertían en frutos; frutos preñados de semillas, frutos como las bolas con las que se decora el árbol de Navidad. En Navidad es cuando más miraba al árbol…

 

Una mañana de Pascua lluviosa vio caer una granada. Esa misma tarde fue una tarde soleada y bella; pero la anciana esta vez no miró al árbol.

 

Miró la granada.

 

Miró cómo yacía sobre un charco, rota, reventada por sus semillas y abandonada en el suelo. Pudriéndose.

 

Sola.

 

Miro la granada.

 

Entonces, entró en casa, y cogió el látigo.

Ése

perro pequeño

Como un perro pequeño de ojos sinceros y redondos, de piel mestiza, con una pequeña barba que le da un cierto aire intelectual; que siempre se alegra de verte cuando llegas a casa moviendo su rabo (como un limpiaparabrisas en la tormenta); que busca tu caricia poniendo su cabecita sobre las piernas y lame tus lágrimas cuando estás triste. Manso. Con colmillos nada amenazadores pero valiente.  Y sobre todo leal, leal hasta la muerte; al que no le importa esperarte bajo la lluvia tiritando. Así, no un león, no un tigre, no una pantera peligrosa; no un águila imperial, ni un bello cisne. No.  Si no fuera Manuel, y pudiera elegir, me gustaría ser ese perro pequeño de ojos sinceros y redondos… Ése o un escarabajo verde azul.

Manzanas mordidas

labios

La ciudad está repleta

de niñas iguana

agarradas a las farolas, sobre

los coches,

en el suelo. Nieva

pétalos flor de miércoles

o almendro.

-Es cualquier día 29 de febrero soleado –

Sensualmente

unos labios gruesos cruzan la calle

y me miran

como miran las serpientes.

Y vuelvo a recordar

a qué

sabe el color rojo.

 

Los ciervos escapan de mi pecho

corazones de manzanas mordidas.

La sed

sed

Llámalo cosa/vacío/límite
a todo aquello
que sospecho, intuyo, persigo;
y
mi incapacidad de nombrarlo con extrañas
(ya las siento como ajenas) palabras.
Texto predictivo es
finalmente
todo
lo que veo-siento-soy.
Destino grabado en 1000
palabras inútiles
para hablar del pequeño matiz vivo
entre piedra y liquen, por ejemplo.
Palabras gastadas, palabras
menguantes
hasta
otra vez el gruñido.
Quisiera decir
quisiera decirte que
<¡Mierda! ¡Esto es una mierda!>
Si las hojas no aletearan en su caída
me sería más fácil…
No tendría que vivir asesinando al poeta,
ni esconderme en ellos
huyendo (de ese otro yo).
Ahora ya comprendo por qué
desaparecen algunas personas
y nunca vuelven.
Pero la sed
-ésa sí-
siempre vuelve,
una y otra vez
vuelve.
La sed.
Y me atrapa y me obsesiona
esta necesidad esta necesidad esta necesidad esta necesidad esta necesidad
esta necesidad esta necesidad esta necesidad esta necesidad esta
necesidad esta necesidad esta necesidad esta necesidad esta
necesidad esta necesidad esta necesidad esta
necesidad esta necesidad esta
necesidad esta
necesidad
esta

 

Fotografía/Collage: Luis María Ortega Chamarro
Poema: Manuel Alonso