La alegría del vino

Hola amigxs.

En la primera entrada del año pasado anuncié con inmensa alegría la publicación del poemario El secreto de Zelda Zonk. Y este año, quiero estrenarlo, con otra: La cofradía del vino de Navarra ha tenido a bien premiar una obra mia; pero lo más importante ha sido la acogida recibida y el descubriento de personas tan maravillosas.

Agradecer a los responsables del Parador Nacional de Olite, a los miembros del jurado,  a los miembros del Ayuntamiento, al Alcalde de Olite, a los miembros de cultura de la Diputación de Navarra y demás entidades colaboradoras. Pero sobre todo (y para ellos no tengo suficientes palabras de agradecimiento) a toda la cofradía del vino y en particular al cofrade Javier por el calor recibido.

La alegría del vino acercando nuestros corazones…

Os dejo el video de parte del evento:

 

Y si queréis leer la obra “Gazapo” la podéis encontrar al final de esta noticia:

 

http://www.olite.com.es/NOTICIAS/2019/01/190113_16.php?orden=4436

 

Muchas gracias a todxos.

 

Un abrazo de corazón.

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Invisible imparable

TEMPORAL NIEVE GALICIA

Paseo por el barrio de mis padres donde crecí. Son las seis de la tarde y es de noche. Otoño y frio y viento. Busco en el andar-anclar mis recuerdos en las tiendas que aún perduran;  las busco como el marinero al faro en alta mar. Resisten el estanco y la farmacia; es lo que tienen las drogas siempre están ahí; siempre seremos yonquis o enfermos aunque nos creamos sanados. Ahora Don Carlos, el farmacéutico, no está. Es su hijo Carlos el que despacha la botica. Recuerdo la delicadeza con la que cortaba los códigos de barra de las cajas para luego pegarlas en las recetas como si fueran cromos… Y pienso si su hijo hará lo mismo y si él algún día acabó la colección. Hay que tener cuidado de no tropezar porque las raíces de los árboles, ahora grandes, han levantado las aceras como si el pasado reclamara su espacio. Por eso, a esta hora, ya no pasean los habitantes de este barrio. Son mayores y temen caer.  Por eso las calles están solas y ya solo pasean los amarillos de las hojas de la mano del viento. ¿Qué tal? Bien, y tú qué tal. Bien. Es un viejo amigo. Nuestra conversación no supera tres palabras; y después de los abrazos nos miramos extraños sin saber qué decir. Congelados en el tiempo como los cromos de Don Carlos. Adiós, me alegro de verte. Adiós. Y huimos porque ya no sabemos a qué jugar ni cuando dejamos de hacerlo. Cruzo la calle hacia los edificios nuevos pero algo me retiene… es un olor a verde, un olor como a hierba recién cortada, un olor tan familiar como el café recién hecho al entrar en casa. Han podado unos laureles y desde sus ramas la savia nueva brota. Invisible. Brota imparable camino a la primavera. Mañana seguro que vendrán algunas madres, de las de antes, para coger algunas hojas. Y secarlas. Y echarlas en las lentejas… algún día. Como el otoño con la vida.

Reflejo

luces

Sentada junto a la ventana del autobús;

-el 27-

miraba cómo habían vestido las calles.

Y aunque era evidente su fatiga:

tobillos hinchados, ojeras, piel cetrina

-todavía llevaba los pantalones del uniforme-

Las luces de Navidad se reflejaban en sus ojos.

Y sonreía…

Sombras blancas

 

Éramos sombras blancas

que significan no.

Éramos perderse fuera

dentro de ti y de mí

(No importa el final

donde aniquilarnos)

Éramos un infierno

y un silencio.

La geometría perfecta de hacerse daño.

Éramos tres o cuatro

minutos de follar.

¿Para qué? Perdona.

No quería. Perdona.

Éramos tiburones

en un mar de sangre.

 

 

tiburón

soy/yos buscando

las luces apagadas del laberinto

inmensos rincones silenciosos

caminar por adivinación

dar media vuelta e intentar

equivocarme de nuevo

la pared de kilómetros y kilómetros de hueco

la palabra existir

debería sembrarse por un jardinero

en un solar –abandonado- donde

solo crezcan escombros

la luz de la linterna

en profundidades jamás vistas

alegría, horror y Dios

acuerdan no decir nada

seguir el rastro de las sombras

dije yo silencioso yo “hola”

Hola. Hola. Soy yo.

Estoy aquí.

Yo no… consiguió murmurar el eco.

Presentación en Centro de poesía José Hierro

Hola amigxs.

Antes que nada mis agradecimientos infinitos al Centro de poesía José Hierro y en concreto a Julieta, Azahara y Rosana por toda su ayuda y cariño. He podido hacer realidad el sueño de presentar mi primer poemario entre mis hermanxs poetas. Es un honor y una alegría enorme poder hacerlo en la casa de José Hierro. Gracias. Gracias. Gracias.

Mis agradecimientos también a mi maestro, poeta y amigo Nacho Miranda por su presentación y síntesis del libro. De forma magistral dice con palabras sencillas (y mejor que yo) lo que he intentado expresar en más de cien páginas de poemario. Gracias Nacho.

También quería agradecer a esos pedazo de artistas con los que he podido compartir escenario y me han acompañado en el acto, en los ensayos, en las comidas, en su casa, en mi casa, en el trabajo… Y me han dedicado lo más bello que tenemos: su tiempo. Tiempo para estar con sus familias, con su pareja, con sus estudios… Gracias. Gracias. Gracias: Abel, Roberto, Juan Manuel, Javier y Alba. Gracias.

Por último quería dar las gracias a todxs los amigos, compañeros, familia que fueron y a todxs aquellos que no pudieron ir pero estaban en mis versos y mi corazón. Gracias.

Hemos tenido la suerte que el Centro ha editado y subido el video del acto completo. Muchas gracias de nuevo por vuestro gran trabajo. Os lo dejo aquí por si queréis verlo…

Un abrazo

Nueva presentación Zelda Zonk

Hola amigxs.

 

Tenemos una nueva presentación de mi poemario El secreto de Zelda Zonk.

Esta vez lo haremos en Getafe en el Centro de poesía José Hierro. Será el próximo:

  • Jueves 8 de noviembre
  • A las 19:30 horas

 

Lo haré como la otra vez… mientras recito tocarán música en directo a la vez que una bailaora acompañará a mis versos con la poesía efimera de sus movimientos.

Y por supuesto, también llevaré las mejores palmeras de chocolate del mundo… Eso sí, para después del recital… por si acaso 😉

Un abrazo a todxs. Y si no tenéis planes para el próximo jueves y vivís en Madrid… esto es un planazo.

Besos de colores

Irrepetibles

nieve

Una mujer embarazada protege con la mano su vientre.

Nieva.

Suena como el crepitar de una hoguera.

Suena

otras veces silencio.

Una niña sonríe y coge de las hojas de dos pequeños tejos

un puñado de cielo y se lo da a su madre.

Las agujas de los pinos se tiñen de blanco a trazos como canas.

Una compañera del trabajo, que hoy se jubila,

sale a la puerta a fumar un cigarro mientras

ve caer los copos los segundos

irrepetibles.

Algunas cosas sin importancia

Como ves

he aprendido a olvidarte

y ya casi ningún ruido me recu rda a tu voz.

Apenas los atard ceres

son difere tes y los nombres

d los niños q e imaginamos

ya no duelen como avispas.

Ya ves, ya casi ni se notan

los rotos y l s costurones de mi traje

aunq e por los bolsillos se me caigan, a veces,

las mañanas, los otoños y las flores amarillas

que t regalaba.

He cortado esos trocitos

de ti en mí

que se me h cían insoportables y los he dejado

en el trastero.

(En la basura todavía no puedo, no puedo)

Trocitos qu sin querer -inesperad mente-

aparecen en el yogurt, en el helado de limón o traídos por las olas…

Y es entonces cuand mi corazón se me quiere volar del pecho

y la jaula d mis huesos cruje

como un rollito de primavera.

Ya ves, que soy casi el mismo

que conociste

y además las flores tienen cierta afinidad por l s grietas.

No te preocupes -ya ves- solo han desaparecido

para olvidart

algunas cosas sin importancia

como la luna,

la mar

y algunas pequeñas letras de t nombre.

como la primera vez

FARO

tan leve es mi corazón

deshabitado

convertido en piedra

y en silencio

tan leve huracán

duerme

junto a mí

con el abandono de las algas

y se injerta en las venas

y es ya todo naufragio

era verano y la ventana traía

la noche, el viento, los grillos y tu nombre

tu nombre escrito en los ríos

tu nombre como última sonrisa

refugio de pájaros, olor

a hierba recién cortada

tu nombre lluvia

y flor de tilo

donde los árboles aún

y las raíces no tienen memoria

y todo es

como la primera vez

Incapaz

Si te dijera que

la poesía

está

en la flor del laurel de unos días de junio; en el

aleteo de las hojas que caen por el viento

también en primavera;

en los amarillos –en todos los amarillos-

de los dientes de león; en el humo

de aquel cigarro que asciende y asciende y asciende

hasta el lugar donde habita el olvido

y

sobre todo

en ese abuelo

que se acerca encorvado y se sienta

con su barba blanca turbante blanco chilaba blanca

y en todas

y cada una

de las arrugas de sus manos.

Os lo aseguro. Sí, os lo aseguro,  está ahí la poesía.

El resto es

mi incapacidad de nombrarla.

Imitación a la alegría

En mi pueblo

a las dos de la tarde

(todos los viernes)

frente a la puerta del Ayuntamiento

los gorriones y las palomas

vienen a comer entre pétalos de rosa.

Es una danza ritual

de silencio

interrumpida solo

por su picoteo leve…

algún gorrión protesta y pía

-a veces-

y se va volando

para luego, otra vez, el silencio

-como de nieve-

Qué serena y queda está la plaza ahora

y hace tan poco

la alegría

de la gente gritando:

-¡Vivan los novios!

-¡Vivan las novias!

novias

La Amor

ya amor oscuro

amor ya llorando

belleza arrebatadora amor

tierra amor tierra

que arrastra al invierno

mis últimas y mis primeras

noches aguas

que vuela hasta las gaviotas

y hace puentes

entre nosotros y el viento

somos de viento

y toca la invisible la imposible amor

que deslumbra

la impetuosa amor que arranca

la incomprensible amor

que relámpago

y brota

y miedo

y ráfagas de qué sé yo

repican entre nosotros

ya casi verdes

ya casi primaveras

crecemos como árboles entre las rocas

donde se oliva la luz

y nos despierta adolescentes

otra vez adolescentes

Kétchup

Kétchup

Napoleón. Chicago. Azul.

convoco nombres donde

un lugar

una mesa de un día

una baldosa rota y algún veneno

entre los dientes. cerca de

algún lugar que encuentra respuesta

y un

y un

teléfono que no suena.

está atardeciendo entre la oscuridad

que viene como la muerte

la noche no queda espacio

para decir que no, no, no-somos

solos de un lugar cerca de aquí

no están mis padres ya muertos

y yo y ella y tú que lees

estas palabras

los tres comomezclados

-tan cerca-

esperando decir esperando encontrar

algo

importante y excusarnos y devolver

tanta belleza rota

de una vaca

convertida en (una jodida) hamburguesa con kétchup.

 

 

Poema extraído del poemario El secreto de Zelda Zonk