Punto

punto

vuelvo a empezar

a leer

desde ese punto

y aparte

donde

dejé aquella tarde

de septiembre

de leerte

Anuncios

Reseña de un poeta

decir un pedazo de piedra
donde la mayoría
estorba
-es un punto de partida-
simpleza
sin dramas
sin preguntas
sólo
ver qué pasa
decir
pequeñas cápsulas
un acto de amor
un fragmento
de realidad
crear algo
en la búsqueda como
necesidad constante
la hoja en blanco
la palabra
y el límite
de lo que deseas decir lo que dices y la certeza que jamás
serán lo mismo
aproximaciones
aproximaciones
preguntas
en tu cabeza
sin tregua
despertar y ver
realmente ver
pequeñas historias
películas -tal vez mudas-
que deberían ser
eternas
y al final
silencio
silencio
masticando con los ojos dos o tres
palabras
en apariencia inútiles
pero totalmente obsesivas
formas
vacíos
posibilidades infinitas
traspasar barreras
ser otro
un punto de
partida encontrar
la brevedad
el caos
fuera y dentro
pieza a pieza
que construye
poemas

Sobre todo feos

feos

Quiere ser joven.

Quiere ser gracioso.

Quiere ser inteligente.

Quiere ser pacífico.

Quiere ser guapa.

Quiere ser modesta.

Quiere ser cuerdo.

Quiere oler bien.

Quiere ser segura.

Quiere ser modesto.

Quiere ser maestro.

Quiere ser bruja.

Quiere ser adolescente.

Quiere ser sabio.

Quiere ser pelota.

Quiere ser silencio.

Quiere ser susto.

Quiere ser árbol.

Los poetas somos

feos y raros.

Negativo

negativo

Ventana, puerta, habitación…

quiero decir, el espacio cóncavo del cuenco.

La materia negra entre las estrellas.

Los huecos

que dejan las hojas en el árbol como

una foto en negativo.

Vacío de infinitas posibilidades

del no-existir.

Imagina: una flor así de grande.

Imagina: un universo de síes.

Lugares por donde no pasan caminos

son

caminos a cualquier lugar.

Las no-palabras que no te supe decir.

El amor que por amor dejé pasar

durará siempre.

50 años

SAN PEDRO

Estaba en una bolsa azul

junto a un contenedor de basura

y asomaba un brazo –no te asustes-

como pidiendo ayuda.

Era un corazón de peluche rojo

con unos ojos grandes

y una sonrisa grande

y dos palabras grandes

escritas en el pecho

que decían “te quiero”.

Viéndolo allí tirado

como otro juguete roto

me dio por pensar si

al amor

siempre le pasará eso.

Pero luego,

unas calles más tarde,

recordé a mis padres

-después de cincuenta años casados-

paseando todavía

cogidos de la mano.

 

 

Dedicado a mis padres que hoy habrían hecho 52 años casados.

Mariposas

A  veces –pocas-

una mariposa

se posa

en un pensamiento –idea o flor-

y se convierte –por así decirlo-

en una espiral de belleza.

(Nota: Pensar más tarde

en la palabra “pensa-miento”

si pensar y mentir

es lo mismo. Yo creo que no. Pero…)

Por dónde iba…

Sí, en espiral de belleza…

Menos veces –aún-

unos ojos

presencian este acto

–como una obra de teatro

minúscula, única y dulce-

Dura, lo que dura, un aleteo.

Y es gratuita como la amistad.

He visto tus manos

haciendo mariposas

con alas de color de versos.

regalo soraya

 

Dedicado a mi amiga y poeta, Soraya, en el día de su cumpleaños.

Nota al pie

Llueve en la habitación.

Si esto

fuera un verso

podría ser un buen verso

para empezar un poema.

Un poema de amor, desamor

de paso del tiempo o

uno de esos que

no entiendo

pero amo.

Podría ser hermoso

y alegre

y quizás alguien

en algún lugar

lo leyera

y lo hiciera suyo.

Pero no.

“Llueve en la habitación”   *

no es un verso.

 

 

*La gotera ocupaba toda la sala// Sala 1 del hospital// Habían colocado unos plásticos a modo de guía para que las gotas -caprichosas- no tuvieran otro recorrido hacia suelo// que al cubo// Esperábamos nuestro turno// El mío 16 A// Y esperábamos viendo cómo se llenaba igual que una clepsidra grotesca// Llueve en la habitación// Ahora los hospitales los llaman Fundaciones y el dinero público lo gastan -gota a gota- de forma privada// Se está desbordando//Llueve en la habitación// Por desgracia, algunos pacientes, no somos rentables.

Humus

humus

Volveré a ti, madre.

Descansaré en tu vientre cálido

de luz

y leche dulce.

Volveré a ti

y podré devolverte al fin

parte

de lo que te he robado.

-siendo esta vez yo

el alimento y el poema-

Mamá, volveré a ti

y descansaré

del hombre,

de aquello que pesa,

y seré -alado-

entero contigo

en tus nubes, con el mar

y la lluvia.

Autocomplétame 2.0

Lo.

Lo que escondían sus ojos.

Lo imposible.

Lo mejor de mí.

Lo mejor de nuestras vidas.

Lo que me gusta de ti

y me gustaría decirte.

Lo que la verdad importa

y el viento se llevó.

Lo que el viento se llevó   – es tu película favorita-

El viento.

El viento se levanta.

El viento en los sauces, en otoño, en Cádiz.

El viento en las nubes.

Lo que mueve las nubes.

El viento.

Lo que mueve el mundo.

Lo que mueve el voto americano –es incógnita como tú-

Lo que mueve mi vida.

Mi vida.

Mi vida extra.

Mi vida eres tú.

Tú.

Tú tan bonita.

Tú, tan lejos.

Tan solo.

Solo.

Solo un segundo.

Solo un segundo tú y yo

tú y yo –otra vez-.

Solo amor.

Amor.

Amor y dolor.

Amor eterno.

Eterno retorno.

Eterno resplandor de una mente sin recuerdos  -es mi película favorita-

y que nunca te olvida.

Eterno retorno

a ti.

A ti tan bonita.

A ti tan lejos.

A ti mujer.

A ti mujer poema.

Poema

que se autocompleta

contigo.

Autores: Autocompletar Google y un servidor.

helado de limón

excusas

abro la puerta y me digo a mi misma

que soy fuerte  como un helado de limón

que en las escaleras hay un juguete

con una sonrisa y una lágrima

en el suelo

que hay un lugar para volver

un lugar para juntos

 y nadie más

dulce helado de limón otra vez en el suelo

y los tambores tocan verdad

igual que las campanas tocan a muerto

y me digo a mi misma

que soy buena

y fuerte

y que puedo sin ti

y me digo a mi misma

y me cuento yo qué sé

-cualquier excusa-

para seguir rompiéndonos juntos

Débil

La bolsa de plástico

persiguiendo a un camión a través

del aire.

El aire con un leve olor

a flor y pescadería.

El pescadero

que descansa blanco en la puerta

tocando su teléfono toc toc

al sol.

Sol que por un momento

entre dos nubes sucede.

Dos nubes diferentes diferentes siempre.

Momentos

unidos

como por una cadena

donde

el eslabón más débil

soy yo.

 

 

El granado

granada

Después de la lluvia deshojaba flores a latigazos mientras decía : “todos hemos sido bellos alguna vez. Y felices”. No se lo tenían demasiado en cuenta en el pueblo; la llamaban la loca del granado y se rumoreaba que se había “ido” la mañana que se marchó el último de su sus hijos al extranjero a hacer su vida y se quedó sola. Sola con el granado. Lo había plantado su marido hace muchos años el día que aceptó un nuevo trabajo después de que ella diera a luz a su tercer hijo. Había demasiadas bocas que alimentar y el sueldo de un maestro no llegaba. Sabía de los riesgos en la mina pero el hambre te hace ser valiente. Y durante un tiempo fueron felices… y el árbol, de crecimiento lento, empezó a dar sus frutos hasta que escuchó la palabra grisú. Fue el grisú. Una explosión. Tú marido. Y así se quedó sola con el árbol y tres niños. Trabajó duro para sacarlos adelante; trabajó días y noches enteras para darles de comer y la educación que ella nunca tuvo. Trabajo. Durante este periodo de su vida solo trabajó. Y no tuvo mucho tiempo para ver cómo cambiaba su cuerpo y su rostro con las estaciones. Os puedo asegurar que un día fui bonita solía decir con una sonrisa desdentada a sus hijos. Y poco a poco se fueron marchando como hojas en otoño. Hasta que un día, el último de ellos, se fue. Ese día dejó de trabajar. Ese día ventiló la casa, como siempre, hizo las camas de nuevo, la comida para cuatro y cuando terminó; cerró las ventanas despacio, muy despacio, y se sentó apoyando sus manos en el regazo una sobre otra. Y miró al granado. Lo miro. Lo miró. Estaba igual que como lo había dejado su joven minero. Es un árbol crecimiento lento. Desde entonces, todos los atardeceres, dicen que se quedaba mirándolo. Miraba cómo el sol caía entre sus ramas peladas en invierno, entre las hojas en verano; cómo caían en otoño. Miraba a sus flores… Flores que luego se convertían en frutos; frutos preñados de semillas, frutos como las bolas con las que se decora el árbol de Navidad. En Navidad es cuando más miraba al árbol…

 

Una mañana de Pascua lluviosa vio caer una granada. Esa misma tarde fue una tarde soleada y bella; pero la anciana esta vez no miró al árbol.

 

Miró la granada.

 

Miró cómo yacía sobre un charco, rota, reventada por sus semillas y abandonada en el suelo. Pudriéndose.

 

Sola.

 

Miro la granada.

 

Entonces, entró en casa, y cogió el látigo.