Ventanas encendidas

Ventanas encendidas que observan como monstruos en la noche

no desesperan ni esperan sin más;

son chicles pegados en la puerta del metro.

He cerrado los ojos y he visto el mar.

Imagino que el ruido de los coches son las olas.

Como el agua busco la forma.

Buscaba la poesía y encontré el dolor.

Por favor,  dispárennos tenemos al enemigo dentro.

Bang-bang  el enemigo está dentro.

Cómo te puedo decir lo que existe

entre la palabra y el silencio.

El espacio amarillo entre la pared y yo donde revolotea la mosca.

El último cuadro donde Van Gogh hablaba

de un campo de trigo volado por unos cuervos.

Qué te puedo decir de su tristeza azul -dime

del amarillo, el verde, el negro –di-.

Solo

que la mosca se estrella transparente contra la ventana

y la he abierto para poder escapar.

Hablo de eso transparente que no te deja escapar.

Bang     

                bang  

está el enemigo dentro.

Ventanas encendidas como monstruos en la noche

no desesperan

te esperan sin más.

Son sonidos vacíos como las haches

casi transparentes

casi como nosotros

que buscan a ombres sin herrores.

Reflejo

luces

Sentada junto a la ventana del autobús;

-el 27-

miraba cómo habían vestido las calles.

Y aunque era evidente su fatiga:

tobillos hinchados, ojeras, piel cetrina

-todavía llevaba los pantalones del uniforme-

Las luces de Navidad se reflejaban en sus ojos.

Y sonreía…

Incapaz

Si te dijera que

la poesía

está

en la flor del laurel de unos días de junio; en el

aleteo de las hojas que caen por el viento

también en primavera;

en los amarillos –en todos los amarillos-

de los dientes de león; en el humo

de aquel cigarro que asciende y asciende y asciende

hasta el lugar donde habita el olvido

y

sobre todo

en ese abuelo

que se acerca encorvado y se sienta

con su barba blanca turbante blanco chilaba blanca

y en todas

y cada una

de las arrugas de sus manos.

Os lo aseguro. Sí, os lo aseguro,  está ahí la poesía.

El resto es

mi incapacidad de nombrarla.

Humus

humus

Volveré a ti, madre.

Descansaré en tu vientre cálido

de luz

y leche dulce.

Volveré a ti

y podré devolverte al fin

parte

de lo que te he robado.

-siendo esta vez yo

el alimento y el poema-

Mamá, volveré a ti

y descansaré

del hombre,

de aquello que pesa,

y seré -alado-

entero contigo

en tus nubes, con el mar

y la lluvia.

NEANDERTAL

manos

Más allá

del muro azul

está estrellado de flores.

Hemos huido a la frontera donde

ay  algo todavía.

Sonríe –dice la radio- porque

es jueves y ha dejado de llover.

Los charcos y la brisa,

como decirlo, olean la cebada.

Huele a amarillo.

Y una perdiz macho cuchichía

contra el viento

igual que un faro en la niebla:

Loco de amor dice dónde estás

dice dónde estás.

Y el camino

al Este y el camino al Sur y yo

inútilmente sombra

respiro fotografías.

-o lo que es peor-

Días más tarde,

intento pintar paisajes

con palabras ceniza

como el Neandertal en su cueva.

Querida Frida

Frida

Querida Frida.
Las mañanas son menos luces y los atardeceres más grises.
Las palabras tan secas y saber
que las golondrinas, algún día, no;
que yo algún día no.
Ahora te comprendo ¿Sabes?
Aquello del dolor que me decías
en tus letras futuras.
He despertado el domingo y seguía cayendo.
Y todo parece que Paracetamol y Diazepan y el mundo es una cama
de la que no quieres salir.
Frida.
Te extraño muchísimo. Aunque
Diego dice que acabará el fresco el día 20.
No te fíes de ese sapo.
La otra noche vi
que alguien había pintado en la pared y en el suelo
la silueta de una señal de STOP.
La única farola de la calle se enciende a las nueve ¿Sabes?
Y poco a poco
según cae la noche y los colores se apagan y solo queda
su luz naranja;
puedes ver cómo coinciden la sombra y el grafiti.
Así, quietos, durante toda la noche, como
dos amantes.

Mi alada de Coyoacán. Siempre tuyo

Llamadme Manuel

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Llamadme Manuel.

Vendo

por un jueves cualquiera un osario de días.

Interesados: llamen a gritos al tren que se va.

Y espere.

Soy las 9:15.

Y lo voy a congelar por si luego vale (como la comida)

en un papel

arrugado heces días. Escribo: “He visto

algo parecido a un colibrí en una furgoneta de un matadero:

el costillar rojo sobre el negro de la caja,

el blanco todavía

del mandil del carnicero saliendo de la sombra,

un cubo azul eléctrico

con no sé qué dentro (imagino cosas blandas

que pesan*)”

Hay algo amarillo que no escribo.

Sí, algo amarillo,

que se me olvidó anotar en el recuerdo naranja.

Y la luz oblicua de la mañana y las largas sombras de invierno y el vaho de

las alcantarillas y yo

que no sé para qué, ni por qué

veo en ellos un cuadro cubista y una cierta

simetría conmigo –caníbal-

que me entran ganas de comer una manzana.

* Cabezas de pollo, cartílagos, grasa y huesos pequeños que triturarán y mezclarán en hamburguesas para que la gente-rápida Tragabolas ®

Foto: Lydia Martín
Lugar: Por las calles de Catania.