Mujer hoja

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Sos

A aquella máscara abatida

le sienta bien tu sonrisa.

A aquella cabeza loca

es un fruto feroz errante

(que a menudo llora)

Azote de lunas cantás.

Cantás como el pájaro.

Cantás como el viejo.

Cantás como la uva cantás.

Poeta, siempre sos

al sur –donde las aves-

Desnudo, sin nido, pobre.

 

Poema del Libro rojo

La palabra

ausencias prensencias

Hay que inventar una palabra para el atardecer en los rascacielos; una palabra que tarde cinco minutos en ser pronunciada nomás; una palabra como oráculo que te hable desde la luz mientras se encienden las farolas ahí abajo; una palabra al vuelo por encima de los pájaros. Entonces, meteremos la mano en el hueco del árbol, esperando la mordedura.

 

Poema de El libro rojo

La mar

la mar

sigo la silueta del agua

que me recuerda tu voz

desde el fondo remolinos

que van y vuelven

de la mar al amar

torrente de transparencias

ya cubierta de algas

vestida de poemas y anémonas

que quieren salir

del corazón

 

en océanos

 

sumergida verde desnudez marina

abrazas el agua

donde resplandece tu piel escama

ondea ondea en pedazos

tu cuerpo

en color la mar

agua arista clavada en mis ojos pescador

 

donde flotaba

 

 

Poema de El libro rojo

Exposición Palagrafías

Como encontrate con un viejo amigo o masticar de nuevo palulú… Así me sentí ayer al exponer de nuevo Palagrafias con mi amiga Noelia. Esta vez estaremos expuestos en el centro cultural Alfonso XII en El Pardo (Madrid) durante todo el mes de abril.

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Palagrafias fue un proyecto que llevamos a cabo durante tres años en el que Noelia me facilitaba  fotos artísticas de sus viajes y yo hacía relatos o poemas que me inspiraban.

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La web de contenidos digitales NOBBOT nos ha dedicado un maravilloso artículo al respecto           (    mil gracias 🙂   ):

 

https://www.nobbot.com/off-topic/palagrafias-fotografia-poesia/

 

Os animamos si estáis en Madrid y os vais a tomar algo por El Pardo a que os paséis a vernos.

 

Un abrazo a tod@s.

Persianas

persianas

Persianas a medio bajar.

Persianas corridas en un rayo de luz.

Persianas luciérnagas en la noche.

Persianas perdidas entre los escombros.

Persianas que duelen a cerrado.

Persianas colmena

de avispas.

Persianas nido de golondrina.

Persianas cada vez más pequeñas cada vez más soga.

Persianas como bloque de edificios.

Persianas párpado azules de tristeza.

Persianas peregrinas con rincones arista.

Persianas mensaje en morse    (. . . – – – . . .)

Persianas bajadas, descuadradas, enrolladas.

Persianas ásperas.

Persianas entre el aire de los pájaros

y tú.

El dolor

cigarro

Y despertó

y no era la misma persona.

Los ojos ventanas del  Hotel Nadie

suelen hacer estas cosas…

Algo parecido a las agujas tranquilas

invisibles divergentes.

Hecho pedazos a medio

camino de un círculo perfecto

y una espiral infinita

-Sus otros yo-

Se quedó quieto y no estaba solo.

No estaba solo:

-¿Aún fumas?

-No ya no

-Pues lo harás

Y se apagó la brasa en el brazo

buscando la vida en

el dolor.

Invisible imparable

TEMPORAL NIEVE GALICIA

Paseo por el barrio de mis padres donde crecí. Son las seis de la tarde y es de noche. Otoño y frio y viento. Busco en el andar-anclar mis recuerdos en las tiendas que aún perduran;  las busco como el marinero al faro en alta mar. Resisten el estanco y la farmacia; es lo que tienen las drogas siempre están ahí; siempre seremos yonquis o enfermos aunque nos creamos sanados. Ahora Don Carlos, el farmacéutico, no está. Es su hijo Carlos el que despacha la botica. Recuerdo la delicadeza con la que cortaba los códigos de barra de las cajas para luego pegarlas en las recetas como si fueran cromos… Y pienso si su hijo hará lo mismo y si él algún día acabó la colección. Hay que tener cuidado de no tropezar porque las raíces de los árboles, ahora grandes, han levantado las aceras como si el pasado reclamara su espacio. Por eso, a esta hora, ya no pasean los habitantes de este barrio. Son mayores y temen caer.  Por eso las calles están solas y ya solo pasean los amarillos de las hojas de la mano del viento. ¿Qué tal? Bien, y tú qué tal. Bien. Es un viejo amigo. Nuestra conversación no supera tres palabras; y después de los abrazos nos miramos extraños sin saber qué decir. Congelados en el tiempo como los cromos de Don Carlos. Adiós, me alegro de verte. Adiós. Y huimos porque ya no sabemos a qué jugar ni cuando dejamos de hacerlo. Cruzo la calle hacia los edificios nuevos pero algo me retiene… es un olor a verde, un olor como a hierba recién cortada, un olor tan familiar como el café recién hecho al entrar en casa. Han podado unos laureles y desde sus ramas la savia nueva brota. Invisible. Brota imparable camino a la primavera. Mañana seguro que vendrán algunas madres, de las de antes, para coger algunas hojas. Y secarlas. Y echarlas en las lentejas… algún día. Como el otoño con la vida.

Reflejo

luces

Sentada junto a la ventana del autobús;

-el 27-

miraba cómo habían vestido las calles.

Y aunque era evidente su fatiga:

tobillos hinchados, ojeras, piel cetrina

-todavía llevaba los pantalones del uniforme-

Las luces de Navidad se reflejaban en sus ojos.

Y sonreía…

Sombras blancas

 

Éramos sombras blancas

que significan no.

Éramos perderse fuera

dentro de ti y de mí

(No importa el final

donde aniquilarnos)

Éramos un infierno

y un silencio.

La geometría perfecta de hacerse daño.

Éramos tres o cuatro

minutos de follar.

¿Para qué? Perdona.

No quería. Perdona.

Éramos tiburones

en un mar de sangre.

 

 

tiburón

Irrepetibles

nieve

Una mujer embarazada protege con la mano su vientre.

Nieva.

Suena como el crepitar de una hoguera.

Suena

otras veces silencio.

Una niña sonríe y coge de las hojas de dos pequeños tejos

un puñado de cielo y se lo da a su madre.

Las agujas de los pinos se tiñen de blanco a trazos como canas.

Una compañera del trabajo, que hoy se jubila,

sale a la puerta a fumar un cigarro mientras

ve caer los copos los segundos

irrepetibles.