Llueves

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La paz debe parecerse a la lluvia. A un día de lluvia constante y claro que riega la tierra sedienta. Despacio. A un día de lluvia en la que la gente pasea porque para vivir hay que mojarse en un ir y venir decidido de pensamientos, de caras, de colores. Viendo sus paraguas te puedes imaginar, casi, cómo son por dentro: si el paraguas es rojo o negro, si lo comparten o no con su pareja; o en el modo de compartirlo ¿Te has fijado que algunos solamente se lo acercan a sí mismos? Otros prefieren mojarse ellos y cubrir a su pareja. Pero si me tengo que quedar con alguno es con los que van tan juntos que no hace falta arrimarlo a ningún lado; y ya, si ella le agarra la mano como ayudándole a sostenerlo y con el otro brazo le coge por detrás… Felicidad ¿Te acuerdas? La felicidad debe parecerse a la lluvia. Sí, a un día de  lluvia serena como éste que suena al caer como suenan las nubes, ahí arriba, en un idioma callado y cambiante como vivientes formas de sueño alrededor de espacios inhabitados -en los que imaginábamos formas juntos ¿Te acuerdas?- templados por la luz del sol de otoño sobre las amarillas hojas de los olmos. Llueve. La melancolía, creo que también, debe parecerse a la lluvia.

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…sobre el amor y las personas

Solo los postes de teléfono dicen que te estás moviendo –solo ellos-. Hace horas que se fue el sol entre nubes grises y el último pueblo es olvido. La sombra, o la grisura, o la luz apagada de la tarde –casi noche- muestran el paisaje más allá de los faros. En esta parte, la meseta es un páramo; las rocas y las ruinas somos tan parecidas. Vamos en dirección a la tormenta; se puede dibujar la silueta de la lluvia. La línea blanca de la carretera ha desaparecido y el horizonte con ella. No hay señales, sigues por instinto. El limpiaparabrisas ha detenido al tiempo durante diez–cien gotas no-sé; es como cerrar los ojos para seguir viendo algo que te ha gustado mucho. Es entonces –cierra los ojos- cuando por el lado derecho de la carretera, junto a la cuneta, un hombre y una mujer aparecen paseando en medio de esta nada. ¿Vienen o van? Aunque aquí es indiferente. Solo unos gestos son clave: si él se moja el hombro, si ella le sujeta el brazo. Viéndoles, puedo escuchar cómo hablan los paraguas sobre el amor y las personas.

 

 

Poema en prosa para el próximo recital “Saltamontes y langostas” .

21/2/15 a las 20 horas en “Jamón y vinos”     Paseo Felipe Calleja s/n.  Getafe