Nos miran

Nos miran.

No son estrellas. Nos miran

desde nuestra oscuridad hasta sus ojos

esperan

como la araña a la polilla.

Polillas que se estrellan contra tu ventana insomne.

Ventanas iluminadas en ciudades muertas.

Luces con dientes de tiburón cantando

la canción del naufragio.

Rochas negras da Costa da Morte

aguardan

-en silencio voraz-

tu golpe seco de pájaro herido;

el clac

con el que se despide la flor marchita;

el olor almizclado a fruta

demasiado madura demasiado podrida.

Están ahí, en el garaje,

cuando sales del coche de madrugada.

Están

en esa llamada a deshora.

Habitan todas tus esquinas oscuras.

Ven,  cierra los ojos –dicen

y sueña

que no podrás despertar.

Nuevo canto

Solo quedan los botones

y una zanahoria seca

de nuestro

muñeco de nieve.

Apagaron, hace unos días ya,

las luces de los árboles.

Y las calles son más ásperas

más motosierra.

Las torres de alta tensión

se alejan

hacía un atardecer imaginado

cuando eres ciudad.

Y paseas y piensas que

las jaulas y las armas

las hacen los mismos.

Aquí todo se mezcla.

Todo se mezcla, amor,

no sé si bien o mal

como la piña en la pizza

como la alegría y la muerte.

Pronto florecerán los almendros.

Los días son más largos.

Y mañana escucharás

un nuevo canto de los mirlos.

Bebé delfín

El agua se da un banquete

con los hijos del sol.

Clavan sus caras en el horizonte

doradas cosas en el cielo.

Ignoran borrosos el azar.

Y poco a poco

la playa se llena

desnudos,

en silencio,

se llena

de verdad las orillas.

El blanco –casi rojo-

observa y tuitea expiando su culpa  (ese aparato también lleva coltán):

 

Un hombre muerto en las playas #Cádiz #vergüenza #inmigración

 

Mientras otro, un culturista tatuado,

bestialmente,

se hace fotos con un bebé delfín

moribundo.

 

 

 

Poema de El libro rojo

Kétchup

Kétchup

Napoleón. Chicago. Azul.

convoco nombres donde

un lugar

una mesa de un día

una baldosa rota y algún veneno

entre los dientes. cerca de

algún lugar que encuentra respuesta

y un

y un

teléfono que no suena.

está atardeciendo entre la oscuridad

que viene como la muerte

la noche no queda espacio

para decir que no, no, no-somos

solos de un lugar cerca de aquí

no están mis padres ya muertos

y yo y ella y tú que lees

estas palabras

los tres comomezclados

-tan cerca-

esperando decir esperando encontrar

algo

importante y excusarnos y devolver

tanta belleza rota

de una vaca

convertida en (una jodida) hamburguesa con kétchup.

 

 

Poema extraído del poemario El secreto de Zelda Zonk

Creo

creo-

Creo que sería capaz
de matar a tu padre por volver a verte.
Y así,
encontrar una excusa atroz
para romper el silencio
y el desencuentro que nos separa.

Creo que sería capaz
de matar a Dios
por jugar con nosotros
y abandonarte
y condenarme
Solo


¡Solo!

 

Hasta creo que podría fingir
ser poeta o sombra de espantapájaros
que riega las flores de plástico
atadas a la farola
que lleva tu nombre.

dedicado a todos los nombres
atados a una valla o farola
en la carretera