No existe

sin duda

ni se oye ni se ve

no existe

no existe nada

es hilo invisible donde memorias íntimas

se bañan de amor

singulares

y a la vez comunes

entonces despiertas

ser cualquier otro

ser cualquier uno

y  desvanecerse

y nacer

en piedra, en árbol, en río

donde en las junturas se mezclan

el yo y las cosas

y todo es relativo

La basura

Era ya tarde.

Sobre el muro niebla y lágrimas

y chinos viejos que fuman opio.

El metro pasa por la ciudad

dejando minúsculas gotas de rocío

que nadie ve.

Era ya tarde y tan discorde, por cierto,

con este mundo: una silla, un alma

y el chino -del que ya te he hablado-

fumando filosófico opio deja, en la esquina,

lo mismo que la puta deja.

-ya siempre huele a tristeza allí-

Era ya tarde. Y aunque la noche estrellada sea

parcialmente ceguera;

los enanitos lascivos siempre encuentran

cuartos oscuros donde llevar

a vuestros hijos.

Sí, a vuestros hijos,

a los mismos de “mi-hijo-nunca”.

Tan aparentemente inocentes.

Tan aparentemente vacunados

por sus papás reloj.

Revolcándose en la fariña.

Entonces: Las barredoras, los cristales rotos

hacen un último vestido de lentejuelas

que devuelve a casa

la basura.

 

 

Poema de El libro rojo