Cárabo

Asomado en el balcón

el anciano

con boina y pantalón de pana

busca

los horizontes perdidos en el pueblo.

Quizás haya venido

a pasar el invierno

porque su hija –preocupada-

no le quiere dejar

solo.

Y sin embargo,

es aquí,

en esta jaula de ladrillos

sin atardeceres

sin estrellas

donde el cárabo tiene

el ala rota.

Asomado al balcón

ve cruzar a la gente:

Una niña

pasea de la mano de su padre.

Su pelo le recuerda

el vaivén de los abedules en el monte.

Descarado

El martillo neumático otra vez.

Entre

los coches que pasan un claxon picadura;

autobuses, camiones, la sopladora de

hojas. -Miro al cielo-

Pasa un aeroplano pasa un helicóptero.

Y el sonido de las rodadas y los motores

que no cesa.

Amortiguadores oxidados en unas lunas

tintadas de reggaetón,

La moto

de un repartidor de comida rápida rápida.

Arrojan

unos escombros en un contenedor metálico.

Ruinas azules en una ambulancia que huye y aúlla.

Miro al cielo: Entre las nubes

dos turbinas de pasajeros low cost.

Y el sonido de las rodadas y los motores

que no cesa.

El martillo neumático otra vez

Tra tra tra tra tra

Y de entre tanto

ruido solo

a veces

el descarado piar de los gorriones.

Escaparates

escaparates

A todos nos falta algo cuando miramos escaparates y es que en ellos hay alguna forma grotesca de lo que deseamos o carecemos. Quizá sea su quietud o simplemente es que no sabemos dónde dejar la basura que yace en el interior de nuestra calle, y por eso, salimos a comprar la ciudad que nunca seremos ¿Acaso es el reflejo lo que nos asusta y los coches son sólo una excusa de la asfixia en la ciudad? Espejos, los escaparates son espejos crueles y la piel escama plateada; como pez que burla al predador del abismo (confundiéndose con luz) así, intentamos burlar al reflejo: nos maquillamos, nos disfrazamos, desde que ese día súbito nos dijo ya no somos jóvenes y “cada vez te pareces más a tu padre”. Entonces, sientes la misma tristeza que  cuando le ganaste al ajedrez y te diste cuenta que aquel hombre no era ni invencible, ni inmortal. Y el jaque pastor te lo hace la vida dejando de ser un niño para convertirte en no sé qué. Todos somos escaparates; ventanas abiertas a un exterior confuso que pasa, como los coches pasan, como el tiempo pasa, delante del maniquí inmóvil, inútilmente inmóvil, como el que quiere parar el tiempo fotografiando un reloj.

Collage

collage

Me cautivan Querido y frenético Dámaso:

La ciudad que tú Las mujeres jóvenes Conociste fue víctima de la peste

Y los vivos Quizá demasiado jóvenes Son incapaces de enterrar

A los muertos (Puede en el límite de llamarse jóvenes )

Son ahora tres Y no es por la belleza Millones de cadáveres los que pudren Madrid

Que tú tenías De su piel o sus curvas Un Dios

Sin embargo O por la alegría que Nosotros lo vendimos O la inocencia de Hace tiempo

Por algo Ellas creen todavía Indiferente, anónimo, sucio

Que tiene En el amor sencillo como flor Forma de centro comercial

Y De campo Huele Absoluto y sin matices A humo

Y es naranja Que gira que gira que gira Farola

Y la soledad Por una mirada un encuentro

Las cucarachas En esta ciudad-abismo Salen de las alcantarillas

Corren hacia ti Y eso te hace sentir

Y el asfalto emana UN GIGANTE Tanto calor, calor

El infierno que está Como King Kong sosteniendo en su mano Dentro de ti

De tu ciudad A su pequeña Ann Darrow

De mi ciudad Imposible y bella

Que siempre Pero a pesar de todo amor Te persigue

Allá donde vayas Que te hace capaz de todo

Habrá una ciudad Por ella En llamas

Collage: Luis María Ortega Chamarro
Poema collage: Manuel Alonso