La avioneta blanca

A veces me pregunto por qué no puedo.

Esa avioneta ya pasado dos veces por ese mismo cielo

o soy yo que me repito, me rebobino y me repito

en esta nada que no huele.

Vuelve a pasar la avioneta es blanca y vuela bajo.

Vuela al oeste;  vuela al atardecer aunque es mañana.

Vuela una paloma y se asoma al alero.

Por qué querrá estar aquí.

Pasa la avioneta blanca otra vez.

Creo que hace círculos.

Los buitres también hacen círculos buscando carroña.

Quizás soy yo que me estoy pudriendo.

La paloma ha encontrado una pareja: zurean –creo

que se dice así- y bailan también en círculos.

Pasa la avioneta blanca otra vez; esta vez

vuela más bajo.

Querrá aterrizar o morir o ya

habrá visto a su presa.

A veces me pregunto por qué no puedo.

Pasa la avioneta blanca otra vez.

Vuela al oeste.

Es casi un punto brillante entre las nubes negras

como una estrella fugaz.

Irrepetibles

nieve

Una mujer embarazada protege con la mano su vientre.

Nieva.

Suena como el crepitar de una hoguera.

Suena

otras veces silencio.

Una niña sonríe y coge de las hojas de dos pequeños tejos

un puñado de cielo y se lo da a su madre.

Las agujas de los pinos se tiñen de blanco a trazos como canas.

Una compañera del trabajo, que hoy se jubila,

sale a la puerta a fumar un cigarro mientras

ve caer los copos los segundos

irrepetibles.

Incapaz

Si te dijera que

la poesía

está

en la flor del laurel de unos días de junio; en el

aleteo de las hojas que caen por el viento

también en primavera;

en los amarillos –en todos los amarillos-

de los dientes de león; en el humo

de aquel cigarro que asciende y asciende y asciende

hasta el lugar donde habita el olvido

y

sobre todo

en ese abuelo

que se acerca encorvado y se sienta

con su barba blanca turbante blanco chilaba blanca

y en todas

y cada una

de las arrugas de sus manos.

Os lo aseguro. Sí, os lo aseguro,  está ahí la poesía.

El resto es

mi incapacidad de nombrarla.

más

pez

                                      en general

                                      todos estamos

                                      más gordos

                                      más calvos

                                      más feos

                                      más arrugados

                                      en definitiva

                                      más muertos.

 

                                      solo podemos

                                      robarle unos años

                                      al tiempo

                                      y creer que

                                      fue -o fuimos-

                                      para algo.

y fueron papás y se compraron un chalé

cocaina

               Tengo cuatro canas

                en el bigote

                haciendo una raya blanca

                que se parece a Noelia.

                No el bigote,

                la raya, me refiero.

                José –su novio-

                después de escaparse juntos al coche

                siempre decía:

                “No la soporto

                si no fuera por la farlopa”

                Ella, después de empolvarse la nariz

                muchas veces se dejaba

                algún rastro de… (espacio blanco o

                inventa tú la metáfora)

                Y hablablaba y hablablaba una tonelada

                quizás demasiado blanca o ciega

                para pensar lo que decía:

                “Me jode decirlo, pero alguna se lo merece”

                < Se encienden las luces, aparecen los títulos de crédito

                y después de una larga lista de nombres surge un mensaje que dice:

                “Los personajes y los lugares son ficticios

                cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia”>

                Ella, trabajaba en Servicios Sociales

                con mujeres maltratadas.