hoy

 

hoy es el día de la poesía hoy es el día de la felicidad hoy es tu segunda fecha de cumpleaños quiero decir la primera la segunda fue hace unos días tú y yo sabemos de qué hablamos hoy han salido todas las flores de los laureles todas son amarillas

para mi hermana Carmen
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SOLO

TAJO

La noche y la soledad son hermanas.

Y la única luz que espera en casa encendida es

la de un frigorífico vacío o la de un microondas loco

que gira

que gira

dando vueltas a mi cabeza precocinada.

 

El silencio

y la soledad son hermanos.

Y la única voz que me da la bienvenida

es

un televisor con noticias siniestras

o la radio

con canciones que se repiten

una vez

y otra vez

el mismo día, a la misma hora,

miércoles y fines de semana alternos

como un disco rayado por la uña trágica de Ella.

Sí, lo sé,-no digas nada-

todo esto lo hago para no escucharme;

lo hago, para  no oír la voz de mis pasos que aún descalzos

gritan:

“Estás solo”

Soy el rumor de una habitación sin cortinas.

Soy la g

        o

        t

        a que cae al fregadero.

                    El tic tac

de una noche en vela.

Soy el brazo dormido. Soy

un eco de mí mismo que se apaga.

 

La soledad y yo

somos hermanos -casi amantes-.

Y paso largas horas hablando con Ella

(como una beata pecadora con su rosario) en silencio;

en una letanía que a veces deja escapar

una palabra (en voz alta),

por ejemplo “ azul” o “cerca”;

que suena tan extraña como dicha

por otro,

como la nota que se escapa al aire

y la canción de la fiesta

sigue sonando en la cabeza… (hasta la locura)

Entonces, en esa otredad

-en esa otra casa-

descubro y confundo la realidad

y como un microondas -perdón- como un loco

grito en la oscuridad : “Ella”

Sólo la tienes a Ella.

Sólo a la soledad.

Sólo. Solo.

Juntas

Ella le peinaba las cejas

mientras le hablaba.

Ella, llegadas a un punto

de la conversación, la abrazó.

Hablaban de

las compras de Reyes que otra vez

les había tocado -a ellas-

hacer.

Llevaban las dos anillos

de la misma marca o

de la misma forma, no sé.

(un delfín).

Estaban juntas, muy juntas

-como esos anillos al dedo-

sentadas en el metro.

Y reían ¡Cómo reían!

Ella calzaba unos zapatos

de piel con tacón cuadrado.

Ella

unas zapatillas deportivas.

Ése

perro pequeño

Como un perro pequeño de ojos sinceros y redondos, de piel mestiza, con una pequeña barba que le da un cierto aire intelectual; que siempre se alegra de verte cuando llegas a casa moviendo su rabo (como un limpiaparabrisas en la tormenta); que busca tu caricia poniendo su cabecita sobre las piernas y lame tus lágrimas cuando estás triste. Manso. Con colmillos nada amenazadores pero valiente.  Y sobre todo leal, leal hasta la muerte; al que no le importa esperarte bajo la lluvia tiritando. Así, no un león, no un tigre, no una pantera peligrosa; no un águila imperial, ni un bello cisne. No.  Si no fuera Manuel, y pudiera elegir, me gustaría ser ese perro pequeño de ojos sinceros y redondos… Ése o un escarabajo verde azul.

Manzanas mordidas

labios

La ciudad está repleta

de niñas iguana

agarradas a las farolas, sobre

los coches,

en el suelo. Nieva

pétalos flor de miércoles

o almendro.

-Es cualquier día 29 de febrero soleado –

Sensualmente

unos labios gruesos cruzan la calle

y me miran

como miran las serpientes.

Y vuelvo a recordar

a qué

sabe el color rojo.

 

Los ciervos escapan de mi pecho

corazones de manzanas mordidas.

La sed

sed

Llámalo cosa/vacío/límite
a todo aquello
que sospecho, intuyo, persigo;
y
mi incapacidad de nombrarlo con extrañas
(ya las siento como ajenas) palabras.
Texto predictivo es
finalmente
todo
lo que veo-siento-soy.
Destino grabado en 1000
palabras inútiles
para hablar del pequeño matiz vivo
entre piedra y liquen, por ejemplo.
Palabras gastadas, palabras
menguantes
hasta
otra vez el gruñido.
Quisiera decir
quisiera decirte que
<¡Mierda! ¡Esto es una mierda!>
Si las hojas no aletearan en su caída
me sería más fácil…
No tendría que vivir asesinando al poeta,
ni esconderme en ellos
huyendo (de ese otro yo).
Ahora ya comprendo por qué
desaparecen algunas personas
y nunca vuelven.
Pero la sed
-ésa sí-
siempre vuelve,
una y otra vez
vuelve.
La sed.
Y me atrapa y me obsesiona
esta necesidad esta necesidad esta necesidad esta necesidad esta necesidad
esta necesidad esta necesidad esta necesidad esta necesidad esta
necesidad esta necesidad esta necesidad esta necesidad esta
necesidad esta necesidad esta necesidad esta
necesidad esta necesidad esta
necesidad esta
necesidad
esta

 

Fotografía/Collage: Luis María Ortega Chamarro
Poema: Manuel Alonso

Llueves

large

La paz debe parecerse a la lluvia. A un día de lluvia constante y claro que riega la tierra sedienta. Despacio. A un día de lluvia en la que la gente pasea porque para vivir hay que mojarse en un ir y venir decidido de pensamientos, de caras, de colores. Viendo sus paraguas te puedes imaginar, casi, cómo son por dentro: si el paraguas es rojo o negro, si lo comparten o no con su pareja; o en el modo de compartirlo ¿Te has fijado que algunos solamente se lo acercan a sí mismos? Otros prefieren mojarse ellos y cubrir a su pareja. Pero si me tengo que quedar con alguno es con los que van tan juntos que no hace falta arrimarlo a ningún lado; y ya, si ella le agarra la mano como ayudándole a sostenerlo y con el otro brazo le coge por detrás… Felicidad ¿Te acuerdas? La felicidad debe parecerse a la lluvia. Sí, a un día de  lluvia serena como éste que suena al caer como suenan las nubes, ahí arriba, en un idioma callado y cambiante como vivientes formas de sueño alrededor de espacios inhabitados -en los que imaginábamos formas juntos ¿Te acuerdas?- templados por la luz del sol de otoño sobre las amarillas hojas de los olmos. Llueve. La melancolía, creo que también, debe parecerse a la lluvia.

Rae y Leonard

cohen

Últimamente

una paloma me enseñó

a dejar caer el polen de la flor,

a llover suave

y menudo,

a mover las alas manteniéndote en el sitio,

a afinar los pensamientos…

Leonard Cohen me enseñó

los gritos agudos

y repetidos

de los perros cuando los maltratan.

Esto no es China –dijo

Nadie se lo va a comer.

Pero todavía

sigo sin encontrar

la palabra

que siento

cuando veo escrito tu nombre.

Ilustración: Leonard Cohen en "Libro del anhelo" de Editorial Lumen
mi droga secreta es la muerte/la tomo cuando te veo/y tú no me ves

Reseña La luna respondió

La luna no respondió

Juan Pedro Rodríguez Murillo

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La Luna no respondió es una novela llena de claves internas que hay que reconocer y luego admirar sin saber si tendrán respuesta. El misterio es un vicio en si mismo al que los lectores estamos acostumbrados. La Luna no respondió está construida con pensamientos matemáticos y manuales de arquitectura, es obra de la pluma y la pala a partes iguales y casi se puede tocar el armazón no solo leerlo. Es tanto una maqueta en nuestras manos como una novela.

La edición es excelente, clara y elegante con ilustraciones magníficas que atrapan la esencia de la historia con dibujos coherentes y hermosos de la mano de JC Ortega Cervigón.

El libro se va construyendo con frases moldeadas y repetidas que cobran sentido a medida que trascurre la historia. El autor sabe llevarnos al precipicio, dejarnos en el borde de la duda y luego hacernos desplegar las alas. Sin sueño no hay historia y nosotros queremos soñar, ( si no para qué leemos).

Esas repeticiones nos llegan como mantras que nos acunan en el suave pasar de las páginas. La novela tiene regustos de Homero con sus modernos Aquiles, sirenas y Ulises, nos recuerda a veces al Dogville de Lars Von Trier, al mejor Spielberg de Encuentros en la Tercera Fase, a Cortázar y a tantos otros maestros a los que Juan Pedro Rodríguez rinde homenaje. El autor se arriesga en un puzle complejo, fuera de caminos trillados. El resultado es hermoso por lo arriesgado, original, consecuente.

En medio de un montón de personajes extraños con historias paralelas, el autor va encauzándolos a todos hacia un lugar que no existe pero que ellos construyen junto con nosotros. También construimos sus recuerdos, sus normas y sus acciones. Los lectores queremos contemplar esa luna llena, tocar la cuerda salpicada de sombreros, volvernos invisibles en aquel extraño líquido pero solo podemos leer, leer las historias de Juan Pedro Rodríguez y soñar como sueñan sus personajes porque el sueño es importante para esta novela y para nosotros, que queremos creer que los sueños son parte de la realidad. Al final comprendemos que todos aullamos a la luna, no solo los lobos.

La luna no respondió es un libro que engancha, que ofrece más de lo que somos capaces de asimilar en una primera lectura. Después hay que cambiar el rumbo, seguir otras instrucciones y andar el camino de nuevo, una segunda, una tercera lectura donde nos fijemos ahora en nuevos detalles, en las claves repetidas, en busca de cabos sueltos o en contar los gritos de los personajes para que no falte ninguno.

El autor se arriesga una y otra vez a ser raro, a ser pesado, a ser incomprendido pero tiene la convicción de quien conoce a sus personajes y la historia que cuenta, nos convence y ese puede ser la mejor virtud de la novela, pues sale vivo del intento, iluminado por esa luna que tanto parece gustarle.

Miguel Ángel Martín

Tengo que reconocer, que cuando era niño, era bastante futbolero. Todavía  recuerdo a un delantero mejicano que estuvo primero en el Atlético de Madrid y después en el Real Madrid llamado Hugo Sánchez. Recuerdo que cuando metía un gol, antes de abrazar a sus compañeros, se iba a la línea de fondo y hacía una voltereta mortal para celebralo.

La publicación de la primera novela de mi amigo Juan Pedro y esta magnífica reseña de mi otro amigo Miguel Ángel, es -de alguna forma- como esa voltereta.

La pantera

pantera
Su mirada está al paso de las rejas
tan cansada, que no retiene ya objeto alguno.
Para ella, es como si mil rejas hubiera
y detrás de las mil rejas ningún mundo.
LA PANTERA – R.M. Rilke

 

 

Cuando, al fin, salió a campo abierto sintió el error. Todos los límites que había imaginado ya no estaban. Todas las verjas que había roto ya no estaban. Todas las paredes y tejados, no estaban. Pero al mirar al horizonte y a su interior, sintió el error como aguja que se clava hondo. La prisión. Su prisión. La llevaba dentro; y lo único que percibía mirando al infinito era una simple cuestión de tamaño; en la que el mundo  era una enorme jaula de color azul casi negro y él, la pantera, entre las rejas que cada vez se hacía más de noche. Cuando, al fin, salió a campo abierto sintió el error. Todos los límites que había imaginado ya no estaban. Todas las verjas que había roto ya no estaban. Todas las paredes y tejados, no estaban. Pero al mirar al horizonte y a su interior, sintió el error como aguja que se clava hondo. La prisión. Su prisión. La llevaba dentro; y lo único que percibía mirando al infinito era una simple cuestión de tamaño; en la que el mundo  era una enorme jaula de color azul casi negro y él, la pantera, entre las rejas que cada vez se hacía más de noche. Cuando, al fin, salió a campo abierto sintió el error. Todos los límites que había imaginado ya no estaban. Todas las verjas que había roto ya no estaban. Todas las paredes y tejados, no estaban. Pero al mirar al horizonte y a su interior, sintió el error como aguja que se clava hondo. La prisión. Su prisión. La llevaba dentro; y lo único que percibía mirando al infinito era una simple cuestión de tamaño; en la que el mundo  era una enorme jaula de color azul casi negro y él, la pantera, entre las rejas que cada vez se hacía más de noche. Cuando, al fin, salió a campo abierto sintió el error. Todos los límites que había imaginado ya no estaban. Todas las verjas que había roto ya no estaban. Todas las paredes y tejados, no estaban. Pero al mirar al horizonte y a su interior, sintió el error como aguja que se clava hondo. La prisión. Su prisión. La llevaba dentro; y lo único que percibía mirando al infinito era una simple cuestión de tamaño; en la que el mundo  era una enorme jaula de color azul casi negro y él, la pantera, entre las rejas que cada vez se hacía más de noche. Cuando, al fin, salió a campo abierto sintió el error. Todos los límites que había imaginado ya no estaban. Todas las verjas que había roto ya no estaban. Todas las paredes y tejados, no estaban. Pero al mirar al horizonte y a su interior, sintió el error como aguja que se clava hondo. La prisión. Su prisión. La llevaba dentro; y lo único que percibía mirando al infinito era una simple cuestión de tamaño; en la que el mundo  era una enorme jaula de color azul casi negro y él, la pantera, entre las rejas que cada vez se hacía más de noche. Cuando, al fin, salió a campo abierto sintió el error. Todos los límites que había imaginado ya no estaban. Todas las verjas que había roto ya no estaban. Todas las paredes y tejados, no estaban. Pero al mirar al horizonte y a su interior, sintió el error como aguja que se clava hondo. La prisión. Su prisión. La llevaba dentro; y lo único que percibía mirando al infinito era una simple cuestión de tamaño; en la que el mundo  era una enorme jaula de color azul casi negro y él, la pantera, entre las rejas que cada vez se hacía más de noche. Cuando, al fin, salió a campo abierto sintió el error. Todos los límites que había imaginado ya no estaban. Todas las verjas que había roto ya no estaban. Todas las paredes y tejados, no estaban. Pero al mirar al horizonte y a su interior, sintió el error como aguja que se clava hondo. La prisión. Su prisión. La llevaba dentro; y lo único que percibía mirando al infinito era una simple cuestión de tamaño; en la que el mundo  era una enorme jaula de color azul

Trascendental

tragaluz-para-la-luz-inversa

Es Amor

más allá

mucho más allá

que se oculta tan profundamente universo

en la sencillez radical de (la metáfora búscala tú)

 

                                               Método de trabajo

                                       Escucha varias veces

                                       la imagen

                                       de un mundo hacia dentro.

                                       Imagina – nunca dejes de imaginar-

                                       dos espejos enfrentados

                                       y tú y yo y tú y yo en ellos

                                       ProyectadosConfundidos

                                      en un infinito juntos.

 

Mientras, en algún lugar

las partes constitutivas y prácticas

se quedan aquí.

Quiero decir, la demostración

científica

de que existe. Se queda aquí.

(Los necios sólo verán

huellas en el espejo)

Así, la entrega absoluta

se extiende

desde el batir del corazón

-de quien se enamora la primera vez-

hasta la visión fugaz

de los mártires. Hilos

son hilos

que se cruzan y entrecruzan

y repiten hilos:

Acto I:

                Sacrificio y muerte.

Acto II:

               La luz se abate

               y cae

               cae

               sobre los amantes.

Acto III:

              Desintegración

              en un mundo que trasciende.

 

Collage: Luis María Ortega Chamarro
Poema: Manuel Alonso

Ahora

ahora

Ya no sé muchas cosas

pero todavía

sé que tu color preferido es el morado

y tu libro Los Miserables.

que siempre que ponen Willow en la tele

la ves y ya

has perdido la cuenta de cuántas

                                          veces

la has visto;

que andas como un pato, un patito de esos

“de feria” que vendían cuando éramos niños

y te distinguiría por tu forma de andar entre

cien personas o más a un kilómetro;

que tu tío preferido, también era feriante, y te llevaba

en un caja fruta cuando eras niña y tú te imaginabas ser

una lechuga;

que te gustan los animales. Todos. Y muchos

caracoles te deben la vida;

que por culpa de unos petardos

se os perdió una perra y todavía andas

buscándola en sueños.

que llevas, casi siempre, las gafas sucias

y muchos calcetines con tomates y calzas

el número 36 y medio y juntas las manos cuando estás triste y

la felicidad te sabe a judías verdes y duermes

del lado derecho de la cama sobre tu lado derecho hecha

un bicho bola y yo

te abrazo por la espalda como

si fuéramos dos cucharas hasta las doce

o más… Sin prisa.

Pero hoy

ya no recuerdo dónde

he aparcado, ni qué he comido y mañana

 

sólo habitaré en la niebla

 

-como cuando te dejaba mensajes de amor

en el espejo del baño

para cuando salieras de la ducha-

 

Sssshhhhh

                     calla.

                               No digas nada. Ya sé…

Y ahora sonríe.

Sonríe ahora. Vamos a ser felices

ahora,

en este instante, que nos hacen una foto…

CLIC.

 

Fotografía: Cesar Karras
Poema: Manuel Alonso

Cuando despertamos y decidimos que es pronto y hacemos el amor y nos volvemos a quedar dormidos.

                              insondable flor

                              abeja alocada

                              acuarela

                              de sed

                              que se lanza

                              y sube

                              y respira

                              mi cuerpo

                              que aletea

                              como una sombra

                              después

                              escucha entonces escucha

                              tus manos

                              tu pulso entonces

                              mientras te veo dormir

                              somos un sueño

                              un abrazo

                              una nube

                              que se aleja

                              delicada

 

Escaparates

escaparates

A todos nos falta algo cuando miramos escaparates y es que en ellos hay alguna forma grotesca de lo que deseamos o carecemos. Quizá sea su quietud o simplemente es que no sabemos dónde dejar la basura que yace en el interior de nuestra calle, y por eso, salimos a comprar la ciudad que nunca seremos ¿Acaso es el reflejo lo que nos asusta y los coches son sólo una excusa de la asfixia en la ciudad? Espejos, los escaparates son espejos crueles y la piel escama plateada; como pez que burla al predador del abismo (confundiéndose con luz) así, intentamos burlar al reflejo: nos maquillamos, nos disfrazamos, desde que ese día súbito nos dijo ya no somos jóvenes y “cada vez te pareces más a tu padre”. Entonces, sientes la misma tristeza que  cuando le ganaste al ajedrez y te diste cuenta que aquel hombre no era ni invencible, ni inmortal. Y el jaque pastor te lo hace la vida dejando de ser un niño para convertirte en no sé qué. Todos somos escaparates; ventanas abiertas a un exterior confuso que pasa, como los coches pasan, como el tiempo pasa, delante del maniquí inmóvil, inútilmente inmóvil, como el que quiere parar el tiempo fotografiando un reloj.

Instinto suicida

31-001-2

Porque nací con instinto suicida

tengo una constate voracidad de infinito

que me empuja a las estrellas

y a las vías del tren.

Quizás, si fuera aviador,

no tendría que asomarme a las ventanas

en un intento infantil

de arrimarme al horizonte;

no tendría que mirar al cielo

como ave con ala rota,

ni perseguir

la sombra de los pájaros.

Abismado, sólo intento sobrevivir

a un mundo interior que me aleja,

en un eterno anhelo al mar

y una inolvidable melancolía

por las montañas.

Allí, donde nacen…

allí, madre, necesito ir.

 

(atardecer, lavanda, colibrí)

 

Siento perder la vida que me diste

buscando.

 

Fotografía/collage: Luis María Ortega Chamarro
Poema: Manuel Alonso