Rae y Leonard

cohen

Últimamente

una paloma me enseñó

a dejar caer el polen de la flor,

a llover suave

y menudo,

a mover las alas manteniéndote en el sitio,

a afinar los pensamientos…

Leonard Cohen me enseñó

los gritos agudos

y repetidos

de los perros cuando los maltratan.

Esto no es China –dijo

Nadie se lo va a comer.

Pero todavía

sigo sin encontrar

la palabra

que siento

cuando veo escrito tu nombre.

Ilustración: Leonard Cohen en "Libro del anhelo" de Editorial Lumen
mi droga secreta es la muerte/la tomo cuando te veo/y tú no me ves

Reseña La luna respondió

La luna no respondió

Juan Pedro Rodríguez Murillo

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La Luna no respondió es una novela llena de claves internas que hay que reconocer y luego admirar sin saber si tendrán respuesta. El misterio es un vicio en si mismo al que los lectores estamos acostumbrados. La Luna no respondió está construida con pensamientos matemáticos y manuales de arquitectura, es obra de la pluma y la pala a partes iguales y casi se puede tocar el armazón no solo leerlo. Es tanto una maqueta en nuestras manos como una novela.

La edición es excelente, clara y elegante con ilustraciones magníficas que atrapan la esencia de la historia con dibujos coherentes y hermosos de la mano de JC Ortega Cervigón.

El libro se va construyendo con frases moldeadas y repetidas que cobran sentido a medida que trascurre la historia. El autor sabe llevarnos al precipicio, dejarnos en el borde de la duda y luego hacernos desplegar las alas. Sin sueño no hay historia y nosotros queremos soñar, ( si no para qué leemos).

Esas repeticiones nos llegan como mantras que nos acunan en el suave pasar de las páginas. La novela tiene regustos de Homero con sus modernos Aquiles, sirenas y Ulises, nos recuerda a veces al Dogville de Lars Von Trier, al mejor Spielberg de Encuentros en la Tercera Fase, a Cortázar y a tantos otros maestros a los que Juan Pedro Rodríguez rinde homenaje. El autor se arriesga en un puzle complejo, fuera de caminos trillados. El resultado es hermoso por lo arriesgado, original, consecuente.

En medio de un montón de personajes extraños con historias paralelas, el autor va encauzándolos a todos hacia un lugar que no existe pero que ellos construyen junto con nosotros. También construimos sus recuerdos, sus normas y sus acciones. Los lectores queremos contemplar esa luna llena, tocar la cuerda salpicada de sombreros, volvernos invisibles en aquel extraño líquido pero solo podemos leer, leer las historias de Juan Pedro Rodríguez y soñar como sueñan sus personajes porque el sueño es importante para esta novela y para nosotros, que queremos creer que los sueños son parte de la realidad. Al final comprendemos que todos aullamos a la luna, no solo los lobos.

La luna no respondió es un libro que engancha, que ofrece más de lo que somos capaces de asimilar en una primera lectura. Después hay que cambiar el rumbo, seguir otras instrucciones y andar el camino de nuevo, una segunda, una tercera lectura donde nos fijemos ahora en nuevos detalles, en las claves repetidas, en busca de cabos sueltos o en contar los gritos de los personajes para que no falte ninguno.

El autor se arriesga una y otra vez a ser raro, a ser pesado, a ser incomprendido pero tiene la convicción de quien conoce a sus personajes y la historia que cuenta, nos convence y ese puede ser la mejor virtud de la novela, pues sale vivo del intento, iluminado por esa luna que tanto parece gustarle.

Miguel Ángel Martín

Tengo que reconocer, que cuando era niño, era bastante futbolero. Todavía  recuerdo a un delantero mejicano que estuvo primero en el Atlético de Madrid y después en el Real Madrid llamado Hugo Sánchez. Recuerdo que cuando metía un gol, antes de abrazar a sus compañeros, se iba a la línea de fondo y hacía una voltereta mortal para celebralo.

La publicación de la primera novela de mi amigo Juan Pedro y esta magnífica reseña de mi otro amigo Miguel Ángel, es -de alguna forma- como esa voltereta.

La pantera

pantera
Su mirada está al paso de las rejas
tan cansada, que no retiene ya objeto alguno.
Para ella, es como si mil rejas hubiera
y detrás de las mil rejas ningún mundo.
LA PANTERA – R.M. Rilke

 

 

Cuando, al fin, salió a campo abierto sintió el error. Todos los límites que había imaginado ya no estaban. Todas las verjas que había roto ya no estaban. Todas las paredes y tejados, no estaban. Pero al mirar al horizonte y a su interior, sintió el error como aguja que se clava hondo. La prisión. Su prisión. La llevaba dentro; y lo único que percibía mirando al infinito era una simple cuestión de tamaño; en la que el mundo  era una enorme jaula de color azul casi negro y él, la pantera, entre las rejas que cada vez se hacía más de noche. Cuando, al fin, salió a campo abierto sintió el error. Todos los límites que había imaginado ya no estaban. Todas las verjas que había roto ya no estaban. Todas las paredes y tejados, no estaban. Pero al mirar al horizonte y a su interior, sintió el error como aguja que se clava hondo. La prisión. Su prisión. La llevaba dentro; y lo único que percibía mirando al infinito era una simple cuestión de tamaño; en la que el mundo  era una enorme jaula de color azul casi negro y él, la pantera, entre las rejas que cada vez se hacía más de noche. Cuando, al fin, salió a campo abierto sintió el error. Todos los límites que había imaginado ya no estaban. Todas las verjas que había roto ya no estaban. Todas las paredes y tejados, no estaban. Pero al mirar al horizonte y a su interior, sintió el error como aguja que se clava hondo. La prisión. Su prisión. La llevaba dentro; y lo único que percibía mirando al infinito era una simple cuestión de tamaño; en la que el mundo  era una enorme jaula de color azul casi negro y él, la pantera, entre las rejas que cada vez se hacía más de noche. Cuando, al fin, salió a campo abierto sintió el error. Todos los límites que había imaginado ya no estaban. Todas las verjas que había roto ya no estaban. Todas las paredes y tejados, no estaban. Pero al mirar al horizonte y a su interior, sintió el error como aguja que se clava hondo. La prisión. Su prisión. La llevaba dentro; y lo único que percibía mirando al infinito era una simple cuestión de tamaño; en la que el mundo  era una enorme jaula de color azul casi negro y él, la pantera, entre las rejas que cada vez se hacía más de noche. Cuando, al fin, salió a campo abierto sintió el error. Todos los límites que había imaginado ya no estaban. Todas las verjas que había roto ya no estaban. Todas las paredes y tejados, no estaban. Pero al mirar al horizonte y a su interior, sintió el error como aguja que se clava hondo. La prisión. Su prisión. La llevaba dentro; y lo único que percibía mirando al infinito era una simple cuestión de tamaño; en la que el mundo  era una enorme jaula de color azul casi negro y él, la pantera, entre las rejas que cada vez se hacía más de noche. Cuando, al fin, salió a campo abierto sintió el error. Todos los límites que había imaginado ya no estaban. Todas las verjas que había roto ya no estaban. Todas las paredes y tejados, no estaban. Pero al mirar al horizonte y a su interior, sintió el error como aguja que se clava hondo. La prisión. Su prisión. La llevaba dentro; y lo único que percibía mirando al infinito era una simple cuestión de tamaño; en la que el mundo  era una enorme jaula de color azul casi negro y él, la pantera, entre las rejas que cada vez se hacía más de noche. Cuando, al fin, salió a campo abierto sintió el error. Todos los límites que había imaginado ya no estaban. Todas las verjas que había roto ya no estaban. Todas las paredes y tejados, no estaban. Pero al mirar al horizonte y a su interior, sintió el error como aguja que se clava hondo. La prisión. Su prisión. La llevaba dentro; y lo único que percibía mirando al infinito era una simple cuestión de tamaño; en la que el mundo  era una enorme jaula de color azul

Trascendental

tragaluz-para-la-luz-inversa

Es Amor

más allá

mucho más allá

que se oculta tan profundamente universo

en la sencillez radical de (la metáfora búscala tú)

 

                                               Método de trabajo

                                       Escucha varias veces

                                       la imagen

                                       de un mundo hacia dentro.

                                       Imagina – nunca dejes de imaginar-

                                       dos espejos enfrentados

                                       y tú y yo y tú y yo en ellos

                                       ProyectadosConfundidos

                                      en un infinito juntos.

 

Mientras, en algún lugar

las partes constitutivas y prácticas

se quedan aquí.

Quiero decir, la demostración

científica

de que existe. Se queda aquí.

(Los necios sólo verán

huellas en el espejo)

Así, la entrega absoluta

se extiende

desde el batir del corazón

-de quien se enamora la primera vez-

hasta la visión fugaz

de los mártires. Hilos

son hilos

que se cruzan y entrecruzan

y repiten hilos:

Acto I:

                Sacrificio y muerte.

Acto II:

               La luz se abate

               y cae

               cae

               sobre los amantes.

Acto III:

              Desintegración

              en un mundo que trasciende.

 

Collage: Luis María Ortega Chamarro
Poema: Manuel Alonso

Ahora

ahora

Ya no sé muchas cosas

pero todavía

sé que tu color preferido es el morado

y tu libro Los Miserables.

que siempre que ponen Willow en la tele

la ves y ya

has perdido la cuenta de cuántas

                                          veces

la has visto;

que andas como un pato, un patito de esos

“de feria” que vendían cuando éramos niños

y te distinguiría por tu forma de andar entre

cien personas o más a un kilómetro;

que tu tío preferido, también era feriante, y te llevaba

en un caja fruta cuando eras niña y tú te imaginabas ser

una lechuga;

que te gustan los animales. Todos. Y muchos

caracoles te deben la vida;

que por culpa de unos petardos

se os perdió una perra y todavía andas

buscándola en sueños.

que llevas, casi siempre, las gafas sucias

y muchos calcetines con tomates y calzas

el número 36 y medio y juntas las manos cuando estás triste y

la felicidad te sabe a judías verdes y duermes

del lado derecho de la cama sobre tu lado derecho hecha

un bicho bola y yo

te abrazo por la espalda como

si fuéramos dos cucharas hasta las doce

o más… Sin prisa.

Pero hoy

ya no recuerdo dónde

he aparcado, ni qué he comido y mañana

 

sólo habitaré en la niebla

 

-como cuando te dejaba mensajes de amor

en el espejo del baño

para cuando salieras de la ducha-

 

Sssshhhhh

                     calla.

                               No digas nada. Ya sé…

Y ahora sonríe.

Sonríe ahora. Vamos a ser felices

ahora,

en este instante, que nos hacen una foto…

CLIC.

 

Fotografía: Cesar Karras
Poema: Manuel Alonso

Cuando despertamos y decidimos que es pronto y hacemos el amor y nos volvemos a quedar dormidos.

                              insondable flor

                              abeja alocada

                              acuarela

                              de sed

                              que se lanza

                              y sube

                              y respira

                              mi cuerpo

                              que aletea

                              como una sombra

                              después

                              escucha entonces escucha

                              tus manos

                              tu pulso entonces

                              mientras te veo dormir

                              somos un sueño

                              un abrazo

                              una nube

                              que se aleja

                              delicada

 

Escaparates

escaparates

A todos nos falta algo cuando miramos escaparates y es que en ellos hay alguna forma grotesca de lo que deseamos o carecemos. Quizá sea su quietud o simplemente es que no sabemos dónde dejar la basura que yace en el interior de nuestra calle, y por eso, salimos a comprar la ciudad que nunca seremos ¿Acaso es el reflejo lo que nos asusta y los coches son sólo una excusa de la asfixia en la ciudad? Espejos, los escaparates son espejos crueles y la piel escama plateada; como pez que burla al predador del abismo (confundiéndose con luz) así, intentamos burlar al reflejo: nos maquillamos, nos disfrazamos, desde que ese día súbito nos dijo ya no somos jóvenes y “cada vez te pareces más a tu padre”. Entonces, sientes la misma tristeza que  cuando le ganaste al ajedrez y te diste cuenta que aquel hombre no era ni invencible, ni inmortal. Y el jaque pastor te lo hace la vida dejando de ser un niño para convertirte en no sé qué. Todos somos escaparates; ventanas abiertas a un exterior confuso que pasa, como los coches pasan, como el tiempo pasa, delante del maniquí inmóvil, inútilmente inmóvil, como el que quiere parar el tiempo fotografiando un reloj.

Instinto suicida

31-001-2

Porque nací con instinto suicida

tengo una constate voracidad de infinito

que me empuja a las estrellas

y a las vías del tren.

Quizás, si fuera aviador,

no tendría que asomarme a las ventanas

en un intento infantil

de arrimarme al horizonte;

no tendría que mirar al cielo

como ave con ala rota,

ni perseguir

la sombra de los pájaros.

Abismado, sólo intento sobrevivir

a un mundo interior que me aleja,

en un eterno anhelo al mar

y una inolvidable melancolía

por las montañas.

Allí, donde nacen…

allí, madre, necesito ir.

 

(atardecer, lavanda, colibrí)

 

Siento perder la vida que me diste

buscando.

 

Fotografía/collage: Luis María Ortega Chamarro
Poema: Manuel Alonso

Cristal

cristal

En el umbral

con los brazos en cruz

y tus lágrimas en un ánfora seca;

me saludaste con una mano

y leí que ya

era demasiado tarde.

Me quedé en el otro lado de la acera.

Me quedé recordando.

Me quedé en el cristal del aeropuerto

donde pusimos nuestras manos sin tocarnos.

Y reímos y lloramos y dijimos ser

golondrinas que vuelven.

Sin embargo la niebla y tus

silencios de porcelana

(había muerto tu madre

y nunca lo supe)

Y mis alaridos de martillo

que desesperados

te llamaban

rompieron el templo de cristal

que construimos en el aire

aquel verano.

Cartas

Escribo para que sepas que jamás te dejé de escribir.

Y aunque fueron mías las últimas cartas desiertas.

Jamás te dejé de escribir.

Sigo mirando a la Luna

para coincidir con tu mirada.

Sigo sembrando recuerdos

en la tierra

después de la lluvia…

Varias gotas se unen en la ventana.

A veces, me sorprendo dibujando tu nombre

en el polvo de una mesa

y ya no sé, si son tus letras las que me llaman

o son mis dedos que no han dejado de tocarte.

Otras veces, sentado en la estación

dejo pasar los trenes, como quien pasar los días,

por si tú apareces. Pero al final,

lo único que llega, es el vacío

de los andenes en mi corazón y alguna hoja seca

arrastrada por el viento.

Día tras día, hoja tras hoja, vuelvo a casa

envejecido y otoñado diciéndome:

“Solo los necios creen en el destino”

Pero no creas que he estado solo.

He besado muchos labios, he abrazado muchos cuerpos

recordándote.

Por eso sé que amor tiene infinitas caras

y todas como en un puzle hacen la tuya.

En la oscuridad empecé usando tu perfume.

Ante el espejo, vistiéndome de ti,

te imaginé frente a mí.

Y ahora, travestido, paseo por las calles buscándome.

Aunque confesaré, que si te viera, ya no te conocería

porque no hay nada tan mentiroso como los recuerdos;

son un muñeco de plastilina.

Juegas con ellos a saber quién eres

y te guardas en el cajón siendo otro.

Un trozo amarillo, un trozo rojo, unos granos de arena…

incluso un pelo de gato encontré en el último

que finalmente me salió en el hombro.

Y hoy,

la tormenta en la noche hizo la mañana doblemente hermosa;

tan hermosa

que me gustaría estar enamorado.

Por eso te escribo cartas.

Jamás te dejé de escribir.

Cartas sin destino, cartas que abandono, cartas en silencio

hasta que el mundo tenga una.

Travesura

Suena el portero automático.

Y es verano.

Son las ocho de la tarde y

no espero ni

al cartero

ni

a un amigo

en este pequeño toque piiiii

¿Quién es? -pregunto

Y sólo se oyen

unas risas de niños corriendo

ji ji ji ji ji

Ha acabado el colegio

y todo huele a flor de tilo.

 

travesura2

C.P. Vicente Aleixandre

karras

En la Calle Polvoranca

he visto el hueco de mi antiguo colegio

y  he pasado la lengua por el diente caído.               

 Y ya no sé                                                               

si

el Trompeta nos tiró piedras

de aquella manera tan rara

 (como haciendo saltar la rana en los ríos)

o Don José,

me miró con su único ojo.

No estoy seguro

si me manché las manos al hacer presas

con el agua de lluvia -a las cinco alguna vez-

o si regresé a casa con los bolsillos llenos de piedras.

No. No  sé  ya si

en ese hueco                              

volé aviones, si mi mejor amigo se llamaba David o Ricardo

o aquella niña sonriente

y despeinada(mente) despeinada

me dio

mi primer beso.

 

Fotografía: Cesar Karras
Poema: Manuel Alonso

Fórmula matemática del amor

Había algo que no encajaba. Y todavía con el nombre de aquel libro en la mente pensó en sus números. El libro se llamaba:

“              S

         de amor           “

y estaba lleno de palabras con, podríamos decir, sus hijos dentro. Era como una muñeca rusa

de aquellas preñadas de otras muñecas cada vez más pequeñas más pequeñas. A él le gustaba, por ejemplo, la palabra:

                ENTRAMADOS

                     TRAMADOS

                        RAMADOS

                           AMADOS

                                     DOS

                                           S

Así, eran todas las palabras: acababan en DOS y en S -de ahí el nombre del libro-.Pero había algo que  no encajaba…

Sabía de las posibilidades del 2: de las parejas, de los plurales mínimoS

Dos solos. Dos haciendo tres,

cuatro,

cinco

familia numerosa…

Pero había algo que no encajaba. Él sentía el 8 más como número del amor. Y no sabía por qué;  pero intuía que era una cuestión de tiempo. Venteaba al amor tan antiguo como las letras y los números. Eterno. Y entonces, jugando con ellos, apareció hablando diferente y de lo mismo; apareció volando como una perdiz asustada; apareció como cuando despejas la incógnita de la ecuación -donde siempre había estado y el poeta matemático ya había dicho-. El 2 y la S. La S y el 2. Son lo mismo mirándose en el espejo (otros lo llaman “media naranja”).  Y juntos, haciendo el amor, forman el infinito. El amor infinito. Ocho.

                  S+2=8                                                                S+2=

Un maestro cojo, dos banderilleros y un poeta.

Hoy celebran muchos su cumpleaños, su boda, su primera cita… pero no es a ellos a quien quiero recordar. Hoy hace 80 años asesinaron y arrojaron a una fosa común a cuatro personas: un maestro cojo, dos banderilleros y a un poeta. Muchos ya sabréis de quien hablo, otros todavía no.  Lo hicieron en Granada (España) durante la Guerra Civil Española; pero no fueron los únicos. Más de cien mil seres humanos yacen repartidos por toda la geografía española sin un entierro digno (http://memoriahistorica.org.es/). España, después de la dictadura de Camboya, es el segundo país en el mundo con más “desaparecidos” durante la dictadura del General Franco (1936-1975).

Hoy quiero recordar a uno de esos cien mil. Era un poeta. Y se llamaba Federico García Lorca.

federico

Frida Khalo -carta-

Me gustaría compartir con todos este maravilloso ejemplo de poesía concreta de  mi amada (o alada)pintora y poetisa Frida Khalo. Esta carta se encontró posteriormente a su muerte entre unos documentos; no creo que su intención fuera su publicación como tampoco es intención del pájaro cantar para que lo oígan los hombres, sin embargo, aquí os dejo este canto que sufre. Siempre que lo leo me pregunto por qué sus lágrimas escogieron esas palabras.

carta4

 

Todos tiene algo que hacer el mundo es lógico

 

pinta-pintor

escribe-escritor

cosina-cosinera

campanea-campanero

roba-ratero

cose-costurera

traiciona-traidor

trabaja-trabajador

quiere-querendón

sufre-Frida

desprecia-Diego

Diego-Frida