Nuevo canto

Solo quedan los botones

y una zanahoria seca

de nuestro

muñeco de nieve.

Apagaron, hace unos días ya,

las luces de los árboles.

Y las calles son más ásperas

más motosierra.

Las torres de alta tensión

se alejan

hacía un atardecer imaginado

cuando eres ciudad.

Y paseas y piensas que

las jaulas y las armas

las hacen los mismos.

Aquí todo se mezcla.

Todo se mezcla, amor,

no sé si bien o mal

como la piña en la pizza

como la alegría y la muerte.

Pronto florecerán los almendros.

Los días son más largos.

Y mañana escucharás

un nuevo canto de los mirlos.

Single

45 RPM era

la velocidad de las canciones

de antes.

Venían en discos pequeños

que se movían rápido.

No sé si es

por lo pequeño

o por lo rápido

por lo que pensé en ellos

cuando vi el rabo del teckel moverse

como un limpiaparabrisas en la tormenta.

Esperaba en la puerta del metro

y vio que su dueña subía

por las escaleras.

Sonaba a Stayin´ Alive

de los Bee Gees

perrete

Nueva presentación Zelda Zonk

Hola amigxs.

 

Tenemos una nueva presentación de mi poemario El secreto de Zelda Zonk.

Esta vez lo haremos en Getafe en el Centro de poesía José Hierro. Será el próximo:

  • Jueves 8 de noviembre
  • A las 19:30 horas

 

Lo haré como la otra vez… mientras recito tocarán música en directo a la vez que una bailaora acompañará a mis versos con la poesía efimera de sus movimientos.

Y por supuesto, también llevaré las mejores palmeras de chocolate del mundo… Eso sí, para después del recital… por si acaso 😉

Un abrazo a todxs. Y si no tenéis planes para el próximo jueves y vivís en Madrid… esto es un planazo.

Besos de colores

Vídeo presentación de El secreto de Zelda Zonk

Hola amigxs.

Aquí os dejo el vídeo que me hizo para la presentación el director y amigo Hector Guedeja.  Una avispa y una polilla. Y el apego por la vida de algunos seres que siguen moviendo una patita despúes de muertos…

 

Por último, os dejo otro vídeo del acto. A partir de ahora el resto de videos y noticias sobre Zelda lo iremos colgando en la página:

https://manuelalonsopoeta.wixsite.com/elsecretodezeldazonk

 

 

Un abrazo amigxs.

Manuel.

 

Super Presentación

Estrella

 

Hola amigxs. Tengo el placer de anunciaros la presentación de mi poemario El secreto de Zelda Zonk el próximo mes; concretamente el día 11 de mayo (viernes) a las 19 horas en el auditorio de la Junta de Distrito Norte de Móstoles. Haremos música en directo, danza, proyección de video y recital… vamos que va a ser como un concierto de U2 jojojo. Venderemos ejemplares y los firmaré al finalizar el acto. Y si eso no es suficiente ofreceremos un pequeño ágape con empanada, tortilla de patatas regado con vinacho y por supuesto las mejores palmeras de chocolate del mundo. O sea que difícilmente tendréis un plan mejor para ese viernes si vivís en Madrid 😉

Os dejo esta maravillosa ilustración realizada por Estrella Segovia para el libro. Agradecerle todo su trabajo y arte con el que nos ha iluminado.

 

Esta es la ubicación del auditorio: https://www.google.es/maps/place/Junta+De+Distrito+2+Norte-Universidad/@40.3354479,-3.8674084,15z/data=!4m5!3m4!1s0x0:0x1c3a34788351abd4!8m2!3d40.3354479!4d-3.8674084

 

Un abrazo a todxs.

Manuel.

El mirlo argentino

Cantás o ardés

o tirás muertos al vertedero.

–dice en perfecto argentino-

Extensiones de pestañas

o sustancias tóxicas podés encontrar allá.

Mientras vos acá con

la familia de un millón de dólares.

Sabés: Ríen las urracas también…

<señala con el dedo>

¿Entendés pelotudo?. ¿Entendés?

Con vos.

Con vuestro “AI-FON”, con todas esas pelotudeces

que solo sirven para ser infelis.

Y acá todo.

Y allá nanai.

¿Sabés lo que es el COLTAN, por ejemplo?

Y luego, pobrés negritos, pobrés.

<coge la botella y bebe>

Y te buscás en los espejos.

Y triste te preguntás

cuál fue el día

en que las gaviotas

decidieron cambiar

el mar

por los vertederos.

Cantás o ardés. Amigo.

Si no se sabe es como si no existiera.

«Fifteen men on the dead man’s chest

…Yo-ho-ho, and a bottle of rum!

Drink and the devil had done for the rest

…Yo-ho-ho, and a bottle of rum!»

 

Muere un bebé arrojado por la ventana

-dice el periódico- . <Bebo>

Y queda

algún resto de enero

en la escobilla del váter.

Al día siguiente

una nueva traición

que comienza hoy.

Y mañana

quierás o no

saldrá el Sol otra ves –dijo al despedirse

Y a veces –pocas-

-demasiado pocas-

cantará un mirlo escondido

en la calle vacía

al salir del bar.

Esto no es cuento

Esto no es un cuento aunque podría serlo. Un cuento de esos con final triste y bello que tan bien sabía hacer Oscar Wilde en los no sabes si llorar o tocar las últimas letras escritas…


No recuerdo bien si aquella mañana había niebla o es la niebla la que está en mi memoria. No recuerdo ya apenas su voz que se confunde con las olas o el color de su mirada que se pierde en azul.


…pero por desgracia no soy Oscar; solo un simple mamporrero de palabras, un mono que golpeando con un palo intenta hacer una canción; y sé que nunca podré decir aquello que vi en aquel puerto; sé que solamente podré hacer una aproximación: un garabato, un eco. Hacía más de 20 años que no volvía a ese pueblo. Y es curioso, de él, solo recordaba su olor a mar y una estatua.


No recuerdo su cara: su imagen es una fotografía vieja que se borra y no quiero sacar de mi bolsillo por si la sal la marchita. A veces creo que me roza en la nuca, a veces que me susurra palabras, pero sé que es la brisa, sí, es la brisa. O no. No sé.


Es una estatua de bronce en la entrada del puerto de una anciana sentada en una silla como esperando…. Sus ojos miran al espigón pero su mirada va más allá donde se pierde el horizonte; sus labios sonríen levemente en un gesto, cómo decirlo, cómplice ¿Has visto la Mona Lisa alguna vez? Sus manos ajadas apoyan una sobre otra en el regazo: serenas una sobre otra hacen una sola. Juntas. Juntos. No sé – No sé qué género escribir. Bruto, soy un bruto mono-.


Cuando estoy triste y creo que se ha olvidado de mí me manda cartas que tienen forma de pez. Saltan urgentes durante el atardecer cuando la mar está calma o me enseñan su tripa plateada repleta de recuerdos.


Viste un traje de época y la cabeza cubierta con un pañuelo como iba mi bisabuela en el pueblo; con un mandil del que podía sacar cualquier cosa de su único bolsillo: una foto, un caramelo, una caricia… Junto a la silla hay un brasero; me imagino de brasas que nunca se apagan. Si tengo que ser sincero, todos estos detalles no los recordaba.


El cielo hace veladuras mientras el sol se pone en ti. Dibujan la palabra siempre. Y las velas de los barcos van y vienen. Los pañuelos en el puerto dicen adiós y dicen lágrimas. Todas las lágrimas son saladas. La sal es lo que queda cuando el agua se va y todo se evapora. Los barcos van y vienen… Lo sé porque he visto ir y venir cientos, tal vez, miles. La sal.


La primera vez que la vi era un tonto adolescente que solo pensaba en chicas y emborracharse. Era una noche de verano ebria saliendo de un bar agarrado a la cintura de una muchacha; íbamos de camino al faro del puerto para comernos a besos en la oscuridad de la casa abandonada del farero. Y algo hizo detenerme junto a ella: sentí en su bronce una historia profunda ¿Has mirado el fondo del mar desde un barco alguna vez? No sé, algo como abismo. Mientras nos besábamos ese algo me llevaba a otro lugar. Y aunque soy de los que cierran los ojos al besar, aquella vez no podía. Mareado por el alcohol la mar se confundía conmigo. Las olas, la sal, las algas, las rocas arrastradas me llevaban mar adentro, mar adentro. Luego, cuando abría los ojos para no hundirme, estaba aquella chica iluminada intermitentemente por el faro, como en un sueño real y no. Real y no. Vámonos le dije. Tan pronto contestó ella. Sí, es tarde y mañana he quedado. Un ratito más, solo un ratito más –me estás dejando a medías me decían sus ojos. No, contesté áspero. Volvimos por donde habíamos venido y allí donde empezaban las luces me dijo que se iba sola a casa. Le pregunté si no quería que la acompañase. No, es tarde – su voz imitaba burlona la mía. Volví por el mismo camino por el que habíamos ido, no porque no supiera regresar sino porque quiera volver a ver a aquella estatua, otra vez la mar profunda… Y allí me quedé, de pie, mirándola como si fuera un espejismo que va a desaparecer en cualquier momento; y de entre las sombras apareció un borracho que me dijo “es la mujer de un pescador que nunca regresó, le está esperando toda la vida”. ¿Qué has dicho? Quería saber más: su nombre, cuándo sucedió, si tenía hijos o quedó sola… ¿Qué has dicho? Volví a preguntar. Pero el borracho se giró sin decir nada y se fue tambaleando calle abajo. ¿Qué has dicho? Pero nadie contestó. Nada. Me fui al albergue a dormir mis restos etílicos acompañado solo por el tac tac de los pasos. Olía a mar. Todo olía a mar. Aquella noche soñé que respiraba agua… Cuando desperté al día siguiente mi cabeza, mi cuello, mis hombros se levantaron como tirados por un resorte y mis ojos y mi boca se abrieron como platos. Necesitaba aire. Aire. Una bocanada entró por mi garganta y un espasmo de tos hizo de llanto, como si hubiera nacido. Durante aquellas vacaciones no volví a aquel lugar, no sé si por miedo a la estatua o por miedo a aquella chica que dejé incendiada. Veinte años más tarde volví.


Las gaviotas nos cantan poemas desde el aire. Versos de viento que dicen que estás conmigo. Me acompañan todas las tardes. Yo les tiro restos de la lonja que me traen los niños. Ellas cantan. Una escama plateada en su pico amarillo refleja un haz de luz a veces.


Cuando regresé lo hice preparado; llevaba dos cámaras fotográficas, un block de notas y varios bolígrafos por si alguno se quería quedar caprichosamente seco en el peor momento… Esta vez lo hice de día, no quería que las sombras escondieran sorpresas; y sobre todo, no tomé ni gota de alcohol. Solos, ella y yo. Estuve haciéndola fotos desde todas las perspectivas, anotaciones describiéndola –algunas de ellas que ya habéis leído- y sobre todo la toqué, la toqué como toca un ciego las últimas letras de un cuento; quería saber que era cierta; que estaba ahí y era cierta y no un sueño. Luego respiré hondó cerrando los ojos –allí siempre huele a mar- y cuando los abrí y mientras empezaba a girar sobre mis talones para irme algo me detuvo; una cortina de niebla se había formado frente al puerto. Nunca he visto hacerse una tan rápido o quizás fui yo que absorto había dejado pasar demasiado tiempo.


No recuerdo bien si aquella mañana había niebla o es la niebla la que está en mi memoria. No recuerdo ya apenas su voz que se confunde con las olas…


No quería que los sueños se apoderaran de mí. Los adultos tenemos estas cosas, no creemos en cuentos… Así que agarré mi cámara y empecé a hacer fotos a todo mientras nos invadía la niebla. No quería que me engañaran más los recuerdos. Y apareció ella esperando.


…o el color de su mirada que se pierde en azul. Pero lo que sí recuerdo, aunque la sal se adentre hasta mi alma, es su última palabra al despedirse cuando le dije “vuelve”. Siempre. Él me contestó “siempre”.


CLIC le hice una foto, CLIC esto no es un cuento. Aunque podría serlo. “Es la mujer de un pescador que nunca regresó, le está esperando toda la vida”-recordé- y ahora estaba ahí… Por eso, os dejo aquí las fotos que hice para que vosotros juzguéis. No le dije nada, me quede callado mirándola, de pie, como si yo fuera una estatua, un pez, una gaviota, la brisa… Luego, cuando todo era niebla, bajé la calle de aquel puerto solo acompañado por el toc toc de mis pasos y una canción que salía de alguna ventana abierta. Es una canción mejicana triste y bella. Sí, es casualidad, tanta casualidad que parece un cuento. Pero no lo es. Creo que también la historia de la canción es real. O no. No sé.

llanes cuento

llanes

La desgracia acompaña al desgraciado como las sombras a las cosas. O dos en una puerta es crítico cuando hoy es el mejor día del año (Igual que en rebajas). O cuando los villancicos suenan en el centro comercial.

felices  mierdas

Dos mendigos se han pegado en la puerta de la iglesia por la limosna del primer domingo después de Navidad. Ensangrentada ( Ella ) como un cigarro con carmín le grita sus heridas mientras los enfermeros intentan cerrar la derrota. ( Él )Abre la puerta . Lo primero que sale es un villancico. Cantan: El camino que lleva a Belééén… Son las 10:45 acaba de terminar la misa de las 10. Salen los feligreses. Repletos de caridad cristiana dejan caer sus monedas …baaja hasta el vaalle que laa nieve cubrióóó… sobre las manos que las coloca ( Él ) muy piadosamente como si fuera a recibir la hostia consagrada –hace unos minutos las había colocado de otra forma para repartir otro tipo de hostias- . Caen las monedas …Los pastorcillos quieren ver a su reeeey <clic clic> Que la paz de Dios sea contigo les dice <clic clic> Gracias. Feliz Navidad <clic clic> Las monedas caen. Cantan. Le traen regalos en su viejo zurróóón… Y después de bajar los tres escalones de la iglesia y con cierto olvido y cierto alivio – ya han dejado caer sus monedas clic clic – y cierto asco apartan la vista de ( Ella ) la sangre que fue derramada por ellos. Ropopompom. Ropopompom

El estanque

Entre sueños

he escuchado una canción que ya conocía.

Sonaba en mi cabeza sonaba

como olas.

Y al despertar,

antes de olvidarla, he ido al PC y la he buscado por si

tenían algo que decirme

unas letras de un mar que no cesa.

Hablaban de mí, cuando era joven,

cuando creía que era inmortal y todas

las personas a las que quería

también lo eran.

Cuando éramos

tan estúpidamente bellos y tiernos y

todo era nuevo y las heridas tan hondas.

Las risas.

Las traiciones.

El amor.

Cuando todo era posible

y el mundo se podía parar.

(Una tarde David, totalmente borracho, se metió en una fuente helada pensando que iba a aguantar su peso. El hielo se rompió y David se mojó hasta el cuello. De un salto –nunca he visto uno tan rápido- volvió al parque. Todos nos reímos hasta llorar. Mientras él, pedo y congelado, sólo decía “no sé cómo me he mojado tanto si ha sido entrar y salir”)

A los pies de este estanque canción

dibujo vuestros nombres en el agua

(David, Rosana, Chema…)

y descubro

que es mi rostro el que se borra

como las estelas de los barcos a los que prometimos embarcar

algún día

mientras vosotros

seguís ahí

divertidos –para siempre-

entre pipas, cartas y cerveza.