A las ocho de la tarde

A las ocho de la tarde aplaudimos

a las valientes

a los que ya no están

y a los que están

pero están solos… Aplaudimos

para animarles

para animarnos

para animar al vecino que iluminaba con su linterna

y parece que hoy no sale;

para que el bebé de la terraza de enfrente siga bailando alegre

al ritmo de las palmas;

y para que este trueno se llueve la tristeza.

A las ocho

de la tarde aplaudimos;

bueno, no es la a las ocho

(siempre empieza unos minutos antes)

es como si los dioses del tiempo fueran rocieros -pienso

y no pudieran esperar más

para saltar la verja

de nuestra soledad ventana.

A las ocho de la tarde aplaudimos

y las nubes pasan y los toldos se ondulan y los días se alargan

y las palomas vuelan asustadas

a las ocho de la tarde… te llamo

después del aplauso ¿Vale?

 

con mi agradecimiento infinito a los sanitarios

4 pensamientos en “A las ocho de la tarde

    • Sí. La pena fue que se apagaran como una vela sin cera… sin un colofón final a la altura del trabajo descomunal de los sanitarios.
      Conversación rociera:
      – Pishaa que todavía no son las osho
      – Da igual ya lo puedo más que sea lo que Dios quiera.
      – Pishaa que nosotros somos dioses…
      – Pues eso… Ea

      Un abrazo 😉

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Escríbeme unas palabras en la corteza del baobab

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